Obligado por el nuevo marco legal, el sindicato de maestros frenó la renovación de sus 62 secciones sindicales y de su Comité Ejecutivo Nacional por la contingencia sanitaria. El semáforo verde permitió la reanudación del calendario electoral del gremio magisterial, aunque no desatoró los procesos pendientes.

El pasado jueves 28 de octubre, el consejo nacional del SNTE debió acudir a una sesión extraordinaria —la primera presencial en dos años— para extender los mandatos de los dirigentes de las secciones 17, del Estado de México; 7 y 40, de Chiapas, y 18, de Michoacán. Dos de ellas, controladas por la CNTE y confrontadas con los gobiernos de esas entidades.

Una semana antes, las elecciones en el SNTE se habían reanudado con la renovación de los comités seccionales en las secciones 2 y 37, de Baja California, y 31 de Tlaxcala. Las tres fueron cuestionadas por su opacidad y las injerencias externas-

El magisterio bajacaliforniano acudió a las urnas hace dos semanas. Por la dirigencia de la sección 2 compitieron cuatro planillas, mientras que por la sección 37 hubo tres planillas registradas. Ampelio Íñiguez Arellano, de la planilla blanca, obtuvo 200 votos más que Alfonso López Chávez, de la planilla naranja.

Sin dar cabida a la exigencia de un recuento de votos, por parte de los candidatos derrotados, el CEN del SNTE cumplió con su facultad estatutaria y 72 después de los comicios convocó a un Pleno seccional para ungir a la planilla ganadora. La sesión solemne fue reventada por un grupo —presuntamente integrado por profesores de educación física— uniformados con camisetas negras.

Ambas secciones acudieron a votar sin que los organizadores de las elecciones —que tuvieron al presidente del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, Plácido Morales, como observador— entregaran un listado de votantes. En vez eso, el SNTE habilitó un “buscador” que —a juicio de los afectados— rasuró a más de 30% de los afiliados con derecho a voto.

En la sección 2 hubo cuatro contendientes. Los punteros eran Juan Vázquez Huerta, de la planilla Todos somos SNTE, y Juan Enrique Villanueva, de la planilla Inclusión, aunque la Coordinadora compitió, con Marco Antonio Pacheco.

Fue una contienda desigual. La estructura seccional saliente, encabezada por Mario Aispuro, se volcó a favor de Villanueva, quien tenía el respaldo de la exdirigente seccional y exsenadora Irma Martínez Manríquez, quien actualmente funge como delegada del Instituto de Educación estatal en Tijuana.

Allí no hubo piso parejo. Inclusión contrató push polls y Aispuro pidió a los agremiados de la sección que votaran por su candidato y también, que respaldaran su aspiración para incorporarse como secretario de Educación en el gabinete de la gobernadora entrante, la morenista Marina del Pilar Ávila.

La coacción del voto, los gastos exorbitantes y el uso discrecional de los datos personales de los afiliados a la sección 2 están entre las quejas presentadas por un amplio sector del magisterio tijuanense, que desconoció el triunfo de Villanueva y reclama que se repitan los comicios.

Por el rasuramiento del padrón y la injerencia de profesores traídos de otras entidades —principalmente de Sonora— para supervisar las mesas receptoras de votos, Vázquez Huerta ha solicitado la anulación de las elecciones.

“Nunca tuvimos acceso al padrón”, se queja, “si bien es cierto que había representantes de las planillas en las mesas receptoras, las boletas no estaban foliadas y en muchas delegaciones sindicales se permitió votar a compañeros que nadie conocía”. Más de 60% de los afiliados a la sección acudieron a votar, presumió el CEN del SNTE.

El candidato de Todos somos SNTE desconoció los resultados emitidos por el comité nacional electoral y considera acudir a las instancias jurisdiccionales, si les dan toma de nota.