Reforma fiscal de Trump: ¿Qué margen tiene México?


luis-miguel-gonzalez1

Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

[caption id="attachment_692336" align="aligncenter" width="760"] Foto de Reuters[/caption]


Foto de Reuters

El 2018 ya comenzó y no se necesita una bola de cristal para saber que será complicado para México. La combinación de elecciones presidenciales y renegociación del Tratado de Libre Comercio ya nos entregaba un pronóstico de tormentas. Ahora, con la aprobación del plan fiscal de Trump, podemos oír los truenos, o ¿son tambores de guerra económica?

La reforma fiscal de Donald Trump es impopular en Estados Unidos pero ya pasó la aduana legislativa. Es muy impopular: Tiene el apoyo de 33 por ciento de la población y el rechazo de 55 por ciento. Eso no importa, entrará en vigor en el 2018. Una cosa es segura: obligará a casi todo el mundo a revisar cómo anda en materia de competitividad fiscal. México no podrá exentar ese examen: es una cuestión vital.

La reforma fiscal de Trump suscita fuertes críticas entre los especialistas, pero será una realidad en las próximas semanas. Cómo logró ser aprobada, se preguntan los detractores, si traerá muy pocos o nulos beneficios para la gente de clase media o pobres y generará un agujero de 1.5 billones de dólares en el Tesoro estadounidense en los próximos 10 años.

Donald Trump logró amarrar un acuerdo entre las diferentes facciones del Partido Republicano. Los convenció de que la reforma fiscal traerá tasas de crecimiento económico superiores a 4 por ciento, porque habrá un boom de inversión y de generación de empleo.

Se trata de la mayor reforma fiscal en Estados Unidos desde 1986, cuando Ronald Reagan era presidente. En ese entonces se hizo también un programa de reducción de impuestos a las empresas. El crecimiento económico no llegó, lo que sí se instaló fue un cuantioso déficit fiscal.

Trump pone poca atención a las cuentas del gobierno y apuesta a que su reforma le dará a EU una ventaja competitiva, en particular para atraer inversiones o repatriar capitales. Es ahí donde México entra en escena. En diciembre del año pasado, Donald Trump pidió a Ford y Carrier que replantearan inversiones que tenían en México para llevárselas a Estados Unidos. En ese entonces, lo hizo a fuerza de verbo.

Hoy tiene un argumento muy poderoso: las tasas impositivas compensarán los mayores costos de la mano de obra.

¿Cómo reaccionará nuestro país? Un plan fiscal tan radical amerita una respuesta. México no puede quedarse con los brazos cruzados, pero tampoco puede improvisar. México no puede poner en marcha una política muy agresiva de reducción de impuestos corporativos porque no tiene cómo financiarla, a menos que cree nuevos impuestos.

Estamos obligados a trabajar una reforma fiscal. Uno de los pasos lógicos sería revisar el IVA a alimentos y medicinas, pero no es algo fácil en año electoral: sería un suicidio. Más allá de consideraciones políticas, debemos pensar con cuidado las implicaciones de subir el IVA para reducir la tasa impositiva que pagan las empresas. Esto implicaría incrementar la desigualdad, en un país que tiene un severo problema de inequidad.

¿Qué hacer? Por ahora se impone un periodo de reflexión y análisis. Debemos entender al detalle cómo funcionarán las nuevas reglas fiscales de Estados Unidos y qué impacto tendrán en México. Este periodo de reflexión debe ser breve. México necesita una reforma fiscal y un pacto político para llevarla a cabo. ¿Habrá generosidad e inteligencia entre nuestras elites? Más vale que sí. La necesitamos.