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Quienes están adentro saben, pero no escriben; quienes estamos fuera escribimos, pero no sabemos”

Daniel Cosío Villegas

La crónica del ejercicio del poder presidencial se acompaña de leyenda que con frecuencia tergiversa la realidad. La interpretación de lo que ocurre no da espacio al accidente, a lo imprevisto o a decisiones propias de la responsabilidad de la institución o de la circunstancia en que se desenvuelve. En no pocas ocasiones se presume un juego perverso o un diseño político extravagante por sus intenciones y resultados.

Este ha sido uno de los problemas para entender y comprender muchas de las decisiones relevantes de los presidentes. Es cierto que en todo proyecto de gobierno hay un diseño, voluntad y propósito, pero también una realidad compleja y a veces impredecible que lo mismo puede venir del exterior como crisis financieras, fenómenos naturales o crisis sanitarias globales como ocurrió en las gestiones de Calderón y López Obrador.

Una dificultad conceptual nada menor es entender la Presidencia actual. El error recurrente es emplear los precedentes sin consideración de las particularidades del proceso político en el que se inscribe este gobierno. Así, algunos observadores y analistas esperan el rompimiento de la mandataria con su antecesor. También hay quien infiere una presión mayor a la Presidenta del antecesor a través del equipo de gobierno y coordinadores parlamentarios.

En realidad, hay un equilibrio político que corresponde a una lógica que atañe a las particularidades del proyecto en el poder. Visto así, preservarlo es condición de cohesión y continuidad, pretensión explícita de la presidenta Sheinbaum. Por otra parte, está la necesidad de actuar frente a la realidad que se presenta y que obliga a ajustes precisamente para darle continuidad al proyecto. Así deben entenderse cambios relevantes como es el de seguridad, la lucha contra la corrupción y la relación con los sectores económicos.

Esto explica los alcances de los cambios realizados, que en sí mismos generan inercias que podrían exceder el cálculo o la intención inicial. Esto es propio de los procesos judiciales cuya evolución es imprevista porque sus reglas difícilmente pueden alterarse a partir del cálculo o la voluntad políticas.