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Muchos gobiernos fracasan porque creen que las ZEE son algo fácil de florecer, las cosas van más allá de “hacer un anuncio y ofrecer bajos impuestos”.

La primera zona económica especial nació en el aeropuerto de Dublín en 1959. Ahora hay 4,300 zonas económicas especiales en todo el mundo, pero más de la mitad de ellas ha fracasado. Casos de éxito rotundo son apenas 50. El más notable es Shenzen, en China, donde el PIB per cápita se multiplicó por 150 en 30 años. Los fracasos se cuentan por racimo. Sólo en la India hay más de 50 proyectos que no funcionaron. ¿Qué factores hacen la diferencia entre el éxito y el fracaso?

La clave está en tener un enfoque integral, afirma Abraham Zamora, director de Banobras y “arquitecto” del proyecto mexicano de ZEE. Integral quiere decir, según el funcionario, un esfuerzo estructurado del gobierno para generar incentivos, infraestructura económica para las empresas e infraestructura social y urbana para la gente.

Zamora es un tecnócrata aplicado que ha trabajado casi un año con algunos de los mayores expertos del orbe para afinar el proyecto de ley que se presentó. El gobierno federal apuesta a cerrar la brecha entre el sur y el norte a través del impulso a tres zonas que se ubicarán en Puerto Chiapas; los alrededores de Lázaro Cárdenas, en los límites entre Michoacán y Guerrero, y en el corredor Transítsmico entre Minatitlán y Salina Cruz.

El gobierno pone en la mesa beneficios fiscales directos a la inversión y al empleo; compromete la construcción de infraestructura para garantizar el abasto energético y la conectividad de la región. Propone la creación de un régimen aduanero especial y un esquema de desregulación muy agresivo. También habrá inversiones especiales en educación y capacitación.

El proyecto es muy ambicioso e implica una coordinación compleja entre varias dependencias, ¿Podrá implementarse eficientemente? La mala implementación ha afectado algunos de los grandes proyectos peñistas. Es, precisamente, uno de los factores de riesgo en las ZEE. Se trata de un proyecto de largo aliento, donde la administración de Peña Nieto pondrá los cimientos y otros gobiernos deberán continuar el esfuerzo por 10 o 15 años. El éxito de Shenzen es el resultado de 35 años de políticas públicas sostenidas.

La ejecución impecable del gobierno es fundamental, pero no basta: el fiel de la balanza está en la respuesta del sector privado. El tamaño y la calidad de la inversión privada harán la diferencia. Para que sea rentable socialmente, la inversión privada deberá ser mucho mayor que la suma de las inversiones públicas y los incentivos que ofrece el gobierno. Para cerrar la brecha entre el norte y el sur, es crucial el desarrollo de un vínculo con las regiones que rodean las ZEE.

Tres cuartas partes de los países han creado ZEE; la mayoría no ha podido encontrar la fórmula mágica. Muchos gobiernos fracasan porque creen que las ZEE son algo fácil de florecer. Advertía The Economist en un artículo de abril pasado: las cosas van más allá de “hacer un gran anuncio, crear una reserva territorial y ofrecer bajos impuestos”.

Lo presentado en Puerto Chiapas no implica una visión simplista, pero tampoco despeja todas las dudas: ¿cuánta inversión pública se ejercerá? ¿Cómo funcionará la coordinación con los gobiernos locales? ¿De dónde saldrán los operadores de los proyectos específicos, considerando que México no tiene experiencia concreta en ZEE? ¿Cómo se resolverá el cáncer de la inseguridad?