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En Puerto Rico se gesta la que podría ser la siguiente turbulencia financiera internacional. La crisis de Grecia alejó nuestra atención de lo que un default de la isla podría representar para Estados Unidos y México.

Desde 2006 a la fecha, Puerto Rico ha perdido una quinta parte de su actividad económica, del empleo y de su fuerza laboral. La falta de crecimiento y el crimen han expulsado a 5 por ciento de su población hacia Estados Unidos.

Durante 65 años, la isla fue para Estados Unidos un experimento de industrialización planificada que terminó en 2006, cuando se eliminó la exención que recibían las empresas por el impuesto a las utilidades. Con ese incentivo, la isla desarrolló las industrias farmacéutica y electrónica, entre otras, pero no generó condiciones de competitividad.

La falta de competitividad está enmarcada por barreras a la competencia, una excesiva regulación para la inversión, elevados costos de electricidad y transporte de mercancías. Asimismo, Puerto Rico, por la pérdida de población, enfrenta escasez de mano de obra y elevados costos laborales. Además, la población que podría trabajar es de las más bajas en el mundo, porque los beneficios de estar desempleado superan al salario mínimo.

La carga fiscal es otro obstáculo estructural. Los residentes de la isla pagan tasas del impuesto sobre la renta superiores a los de cualquier estado de la unión. A pesar de ello, los ingresos fiscales no alcanzan a cubrir los gastos del gobierno. Puerto Rico ha incurrido en déficits fiscales financiados con una deuda de 72 mil millones de dólares, que representa 100 por ciento de su PIB, y la cual se considera impagable.

Aún cuando la crisis de deuda de Puerto Rico no es estrictamente fiscal por los problemas estructurales que la acompañan, es necesario que le permitan negociar la deuda bajo la figura de bancarrota. Esto para evitar un default a partir del 1 de agosto y el subsecuente contagio hacia otros estados por el aumento del riesgo en el mercado de bonos municipales. Los detonantes de la propagación serían los fondos de inversión americanos y las aseguradoras con exposición a la deuda de la isla. Un mercado de bonos turbulento podría impactar la recuperación económica de Estados Unidos y, por lo tanto, a México. La Reserva Federal ya está en alerta.