Promesas discriminatorias

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Carlos MarínEl asalto a la razón

Prometer no empobrece y los candidatos que más prometen enriquecen sus probabilidades de alcanzar el triunfo.

Prometer no empobrece y los candidatos que más prometen enriquecen sus probabilidades de alcanzar el triunfo.

Gusten o no (por viables, ilusorias o zafadas que parezcan), sus ofertas de campaña coinciden en la proclama de que pretenden resolver cuanto problema existe, y le ponen énfasis al combate de la corrupción y la inseguridad, así como al impulso de un mejor y más justo desarrollo económico.

Lo de siempre, pues (se trata de ganar una elección), con la eventual sazón de novedades capitalizables gracias a la coyuntura informativa (como las que les pone en bandeja el adversario de todos los mexicanos, Donald Trump).

Prometer es lo de menos, pero hay promesas que resplandecen y sobresaltan cuando dividen a los votantes entre los de primera y segunda clase. Esto sucede con Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador en su insensata disputa por la autoría de la discriminatoria idea de reducir a la mitad el IVA en la faja fronteriza norte.

Han de pensar que los jodidos de Chiapas, Oaxaca o Guerrero la pasan a toda madre y no resienten el IVA.

Ajá.

¡Chin!: ¿Y el resto de los mexicanos…?

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