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No hay duda de que el gobierno que inicia funciones en tres quincenas se enredó de manera innecesaria con el tema de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

Había salidas muy decorosas para dejar en marcha la construcción de esa obra y al mismo tiempo dar un dulce a su clientela política que esperaba acción en ese tema.

Concesionar la obra para que no le cueste al pueblo bueno, consultar el futuro de los terrenos del actual aeropuerto, ponerle acabados de pisos cerámicos de segunda en lugar de piedra y mármol. En fin.

Pero lo dejaron crecer y ahora tendrá consecuencias indeseables, desde la respuesta lógica de los mercados ante la desconfianza si se cancela la construcción actual, hasta la reactivación de los violentos de Atenco que ahora ya dijeron que ellos no opinan, sólo blanden sus machetes para conseguir lo que quieren.

Hay un desgaste del presidente electo y su equipo en esta fase de transición. Hay naturalmente un aterrizaje en la realidad que lleva a los entusiastas a cobrar conciencia de que el panorama vendido en campaña no es el mismo que cuando se ejerce el poder.

Pero hay también un desgaste autoprovocado que hace que la luna de miel entre los votantes y el gobernante se acabe de manera más anticipada.

Ya sabemos, porque así nos lo confesó el encargado de la comunicación del gobierno entrante, que tienen una fórmula para prolongar ese apapacho a Andrés Manuel López Obrador y evitar el final del “AmLove”.

La fórmula es sencilla y predecible: aumentar el gasto social.

En la medida en que la población note que hay un cambio en los alcances de los beneficios al pueblo, dijo Jesús Ramírez, se puede prolongar esa luna de miel entre los electores y el presidente López Obrador. Y eso se hace a través del gasto social.

En exactamente un mes, el gobierno entrante debe presentar al Congreso el paquete económico que incluye la miscelánea fiscal, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos. Ahí tienen que definir con total claridad ese traspaso de la imaginación de la campaña a la triste realidad de los recursos siempre escasos de la economía.

En un mes vamos a conocer la verdadera cara financiera del gobierno de López Obrador. Si realmente va en serio la disciplina macroeconómica, ahí estará definida. Pero si lo que viene es un gasto desorbitado para dar vida al temido populismo, también estará ahí.

No hay mucho espacio para una reingeniería presupuestal que rescate recursos públicos para aumentar el gasto social, porque la mayor parte del presupuesto está predestinado. Lo que hay, y es muy peligroso, es un margen de mayor endeudamiento que puede aprobar con la mano en la cintura la apabullante mayoría legislativa que tiene el presidente entrante.

Prolongar la luna de miel con dinero es equivalente a comprar un poco de amor. El problema no es moral, sino presupuestal. El tema es que el dinero simplemente no alcanza si no se generan fuentes de ingreso.