No son pocos los que hoy bajan la cortina para tomar unas vacaciones para despedir este año que vaya que ha marcado cambios importantes.

No fue un buen año este 2018 para hacer pronósticos atinados, porque dependían de muchas variables imponderables como las decisiones de un solo hombre, lo mismo en México que en Estados Unidos o en otras partes del mundo.

Por ejemplo, aquí en nuestro país, era muy creíble que, en la última encuesta del año pasado entre los analistas del sector privado que consulta el Banco de México, estimaran un tipo de cambio a estas alturas de 18.60 pesos por dólar y la calcularan para el cierre del 2019 en 18.25.

No había razones para pensar que ese cálculo fuera irreal. Claro que hoy nos parece absurdo, pero en su momento tuvo toda lógica y fue impecable en su metodología económica. Vamos, las condiciones del país daban para eso.

Pero la decisión de un solo hombre, que hoy nada menos gobierna el país, de cancelar una obra tan importante como el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, abrió la caja de Pandora y acabó por trastocar la confianza y con ella variables como el tipo de cambio.

Un año después, los mismos analistas creen que para el cierre del 2019 el dólar interbancario costará 20.60 pesos. Y ni siquiera en esos niveles tan altos es posible hoy tener alguna certeza de que se pueda cumplir, porque depende de decisiones unipersonales impredecibles.

Un país que no puede tener pronósticos confiables es un país en el que no se puede invertir con confianza.

Pero el resto del mundo está igual, lo cual está muy lejos de ser un consuelo. Por el contrario, hay razones suficientes para irnos de vacaciones sin un escenario claro de cómo será el año que inicia en 10 días.

Donald Trump es otro personaje cuyas decisiones arbitrarias y dogmáticas tienen al mundo en la antesala de una innecesaria crisis. El pequeño mundo del presidente de Estados Unidos, que se reduce a tener contentos a sus clientes políticos, acaba por intoxicar a todos.

Que los politólogos expliquen por qué las sociedades cansadas de los sistemas tradicionales llevan al poder a personajes tan evidentemente dañinos para sus propias causas sociales, pero es un hecho que el fenómeno se replica por todo el planeta.

Lo cierto es que amaneceremos el 2019 en medio de una guerra comercial entre China y Estados Unidos que ya tiene facturas en el crecimiento económico del gigante asiático, que ha contraído enormemente las inversiones y que ha generado que la propia economía estadounidense empiece a acumular señales financieras que son típicas de una futura y no lejana recesión.

Inician las vacaciones con la incertidumbre de una salida brusca del Reino Unido de la Unión Europea. Viene el descanso de fin de año con Francia incendiada.

Hay expectativas en el barrio latinoamericano por un Brasil también instalado en el populismo, una Venezuela al borde de la hambruna y una Argentina que fracasa en sus planes de tocar fondo.

En fin, a descansar. Pero no sin estar conscientes de que viene un año complicado, impredecible, que ciertamente pudo haber sido mucho mejor si muchos líderes hubieran tenido un poco más de criterio y sentido común.

Felices fiestas y hasta enero.