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Lo primero que muestra el tipo de cambio del peso frente al dólar es que es un mercado tan líquido que se puede entrar y salir fácilmente para buscar oportunidades cuando otros mercados están en apuros y dejarlo rápido en momentos de incertidumbre.

Hoy el mundo entero es el que sufre las consecuencias de los aranceles de Estados Unidos al acero y al aluminio, ellos pagarán la mayor factura, pero México se muestra temporalmente estable porque al gobierno de Trump le gustó la docilidad del régimen mexicano de no responder con represalias arancelarias.

Así que los dólares de 21 pesos de febrero están hoy convertidos en dólares de 20 por uno, sin que nada estructural haya cambiado, más que el costo de oportunidad de, hoy, ahora tener pesos mexicanos en la cartera de inversión.

Pero no se puede vivir así toda la vida. La estabilidad es esencial, porque el siguiente paso es que toda esta incertidumbre se traspase a otros indicadores que sí son propios de la actividad económica del país como el consumo, la inversión, la producción industrial y el Producto Interno Bruto.

¿Cuánto tiempo habrá que vivir bajo ese temor diario de las nuevas ocurrencias del Presidente de Estados Unidos?

Los optimistas, algunos en el propio gobierno mexicano, creen que todo acaba el 2 de abril cuando el gobierno de Trump defina los aranceles recíprocos y haga una canasta, los que ven el vaso medio lleno creen en la que estén los socios confiables y en otra el resto del mundo.

Algunos otros, con criterios más de psicología clínica, creen que los arranques de Donald Trump nunca van a parar y que la incertidumbre durará el tiempo que él y sus seguidores se mantengan en el poder presidencial.

Un punto intermedio es que las presiones internas obliguen a Trump a entender que no es posible el aislamiento comercial y se vea obligado a respetar una relación regional en la que quepa México.

Bajo este escenario, los tiempos están condicionados a una revisión, muy a los intereses y conveniencia de Donald Trump, del acuerdo comercial trilateral de América del Norte, el T-MEC.

La pregunta retórica es si realmente Donald Trump puede respetar los acuerdos a los que llegue Donald Trump. Porque, lo que ahora mismo viola con los aranceles es su propio acuerdo, uno que se cambió del TLCAN al actual por su presión directa durante su primer mandato.

Otra vez, es imposible predecir a un personaje como el Presidente de Estados Unidos, pero la presión interna podría obligar a alguna definición que permita cierta estabilidad para los mercados, los empresarios y los consumidores de su propio país.

Trump está muy concentrado en pensar que el mundo los estafa, que México y Canadá están robando a Estados Unidos, un pensamiento populista propio de un megalómano que pierde de vista que los capitales que producen offshore son de su propio país y que millones de trabajadores y consumidores estadounidenses son los principales beneficiarios.

En fin, todo lo que se diga pertenece al mundo de la especulación, pero por lo pronto los mercados, como el cambiario mexicano, encuentran espacio para hacer lo suyo con las oportunidades que se abren.