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El inminente recorte al gasto público es una amenaza y una oportunidad para el equipo que encabeza Enrique Peña Nieto. Es una amenaza porque lo obligará, en un momento de debilidad, a enfrentar un año complicado con menos recursos. En 2015, las exigencias al gobierno serán mayores porque la población perdió la paciencia. Está crispada.

Ganar credibilidad y restaurar la confianza son imprescindibles para el presidente y su gabinete. ¿Podrá hacerlo con menos recursos? Esa es la cuestión, implementación es el nombre del juego. Un riesgo nada despreciable para un Gobierno que ha tenido severos problemas de implementación. En el primer año hubo subejercicio del gasto público. En el segundo, escándalos de corrupción.

¿Cómo será el recorte? Las filtraciones ofrecen un rompecabezas confuso y difícil de armar. Parece que habrá recortes al presupuesto de Pemex y CFE, además de un tijeretazo de 10% en el ramo 1000, donde están contemplados los gastos relacionados con servicios personales, esto es entre otras cosas sueldos, salarios y prestaciones.

El gobierno presupuestó 773 mil 883 millones de pesos en servicios personales para 2015. Un ahorro de 10 por ciento permitiría un ahorro superior a los 77 mil millones de pesos. Parece bueno, pero no hay garantías de que la tijera acabará con la lonja y respetará el músculo y los órganos vitales.

Buscar el ahorro, sin hacer un trabajo de reingeniería organizacional, es coquetear con el populismo tecnocrático: presentar cifras sin profundizar en lo que representan. Se puede cumplir con la meta de reducción de 10 por ciento en el gasto en servicios personales, pero ¿quién medirá el impacto que esto tiene en la productividad de las oficinas públicas?

Ha trascendido que Pemex y CFE sufrirán un recorte aproximado a 60 mil millones en el caso de la petrolera y 15 mil millones para la eléctrica. Deberán empezar su vida como empresas productivas del Estado con menores recursos de los que tenían contemplados en el presupuesto que se definió a fines del 2014. Algunas veces ocurre que la reducción presupuestal opera como acicate para la creatividad y las eficiencias. Lo malo es que esto casi nunca ocurre en el sector público. ¿Cómo responderán Pemex y CFE al reto de modernizarse y competir en un contexto de presupuesto menguante? Hay gente de gran calidad profesional y humana en ambas instituciones, pero mi Yo realista tiende al pesimismo cuando mira el cuadro completo: El sindicato y la burocracia tienen el poder para garantizar que las cosas sólo cambien lo necesario para que todo siga igual… incluso en un año de transformación obligatoria.

El Gobierno parece tener claro que debe emitir un mensaje de austeridad, ante la baja en los precios del petróleo. Al hacerlo aspira a tender un cable para llegar a una población indignada. Es Ayotzinapa y la “aparición” de las casas, pero el carrito lleva también otras cosas: la inseguridad rampante; el raquítico crecimiento económico y una reforma fiscal que mermó la capacidad adquisitiva.

No bastará la austeridad para reconciliarse. La honestidad, el combate a la corrupción y la eficiencia son mensajes imprescindibles en un año difícil. 2015 definirá el margen de maniobra del ejecutivo para la segunda mitad del sexenio. No sólo porque habrá elecciones, sino también porque se acabó la luna de miel entre el Presidente y los mexicanos.