
Como chile, arde en nuestra sangre la llama de la pasión. ¡Viva México!
En nuestra cultura,
como planta de chile,
comemos fuego que se
transforma en poesía
a nuestro paladar.
Quemamos candela,
que se convierte en la
antorcha que ilumina
nuestra historia,
y rinde culto a la
resistencia y valentía.
Sudamos pasión,
como un grito a la vida,
a nuestros ancestros,
a nuestras creencias,
a nuestros símbolos,
sabores y colores.
Cada chile corre en
nuestras venas,
de la tierra que nos
vio parir,
que nos ve luchar,
que nos ve crecer
y nos hace sentir.
Somos Habanero,
tesoro de Yucatán,
fresco, intenso,
crudo o asado;
con olor floral,
también lloramos
amor,
y fluimos penas.
Somos Manzano,
con semillas de salva,
que se ciñen como
hoguera a nuestra
lengua,
y la convierten en
espada en llama.
Somos Chile de Árbol,
de sutil sabor ahumado
y extremo calor;
así brillamos,
de carácter atrevido,
escabroso, jovial
y escandaloso.
Somos Poblano,
de pared carnosa.
y corpulenta;
ingrediente principal
de los chiles en nogada,
también abrazamos
con la fe encendida.
Somos Jalapeño,
con venas de son
jarocho,
de brasa trepidante,
destellamos cadencia,
alegría, broma, albur,
diversión y risa.
Somos Guajillo,
de piel gruesa,
rojizo oscuro,
leve a moderado
picor,
como flama intensa
que jamás desiste,
apaga o extingue.
Tenues o calientes,
ardientes o letales:
costeños, chipotles,
güeros, pimientos
o serranos;
todos son luz
y todos fuego.
Así es nuestra
esencia.
Somos faro,
somos descarga,
somos lumbre,
somos aroma,
somos reto,
somos:
¡De Corazón Chile!