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¿Podemos decir adiós al TLCAN y asumir las consecuencias? - tlcan-reutersjpg-1348255499
Foto de Reuters

Nos dicen que hay avances significativos en la renegociación del Tratado de Libre Comercio, pero no hay nada que celebrar. Estos avances se dan en una semana en la que Donald Trump anuncia el despliegue de guardias federales para reforzar la frontera.

No hay nada que celebrar porque la relación comercial entre México y Estados Unidos es parte de algo más grande que no está funcionando. Las relaciones diplomáticas bilaterales viven su peor momento en más de medio siglo. El comercio entre México y Estados Unidos ha crecido 6.5% desde que Trump llegó a la Presidencia. Esto equivale a 33,000 millones de dólares anuales, pero nadie se atrevería a decir que la relación ha mejorado. Nadie salvo Luis Videgaray, que el 2 de febrero de 2018 dijo: “La relación bilateral de México con Estados Unidos es más cercana y fluida con la administración de Donald Trump que con la de Barack Obama”.

Los insultos a México de parte del presidente Trump se han vuelto parte de la nueva normalidad. También el acoso a los indocumentados mexicanos en territorio estadounidense. La movilización de militares para custodiar la frontera es mucho más que el lado B del plan para construir un muro que el Capitolio se niega a apoyar. Es una acción que abre una cicatriz en la cara de la relación. Una decisión que le da al paisaje fronterizo un aire a Franja de Gaza.

En una realidad paralela, el equipo del presidente Trump ha intensificado los trabajos con los grupos de México y Canadá para llegar a un acuerdo preliminar para modernizar el TLC. En esa realidad paralela, las autoridades estadounidenses reconocen el carácter estratégico que tiene la relación comercial con México y la importancia del TLCAN. Es parte crucial de los planes de las empresas de Estados Unidos y un factor imprescindible para enfrentar una guerra comercial con China.

Queremos avanzar en la modernización del Tratado de Libre Comercio, pero no a cualquier costo, dice el Consejo Coordinador Empresarial y apoya el Consejo Mexicano de Negocios. La frase es impecable, retóricamente. En México cae muy bien porque estamos en un momento donde requerimos cerrar filas ante la amenaza. En un mundo globalizado, hay que pensar más allá del consumo interno de este mensaje. Me intriga saber cómo será leída esta declaración en Estados Unidos, por la American Chamber of Commerce y por el presidente Trump.

Estamos viviendo horas de patriotismo sano e inevitable, pero sería bueno saber si, más allá del calor del momento, los principales empresarios mexicanos están dispuestos a sacrificar la negociación del TLCAN para que se resuelva esta crisis o hasta que se pase ese nubarrón que ahora habita la Casa Blanca.

Podríamos ser autocríticos y reconocer que estamos lejos de ser un vecino ideal, pero no es el momento para flagelarnos. Un insulto es una agresión, no una invitación para mirarnos al espejo para empatizar con quien nos agravia.

Nuestro socio imprescindible es también nuestro vecino agresivo y casi golpeador. ¿Cómo lidiar con esta realidad? La relación comercial con Estados Unidos ha sido un factor de crecimiento y estabilidad, pero se está convirtiendo en algo con lo que nos están extorsionando “diplomáticamente”. ¿Podemos decirle adiós al TLCAN y vivir con las consecuencias?

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