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La depreciación acumulada en 17 meses sólo había ocurrido en medio del derrumbe. Lo peculiar es que ahora no hay recesión ni hiperinflación.

El 28 de noviembre del 2014, el tipo de cambio estaba en 13.65 por dólar. Catorce meses después, se ubica en 19.40 por dólar. En ese periodo, la divisa mexicana se ha depreciado 42% frente al dólar, mientras que el Banco de México ha inyectado 35,429 millones de dólares en el mercado cambiario.

El 8 de octubre del 2008, el tipo de cambio se ubicaba en 12.82 pesos por dólar. El 9 de marzo del 2009 alcanzó su punto máximo: 14.74. Nuestra moneda acumuló una depreciación de 14.9% y luego comenzó a apreciarse. Para el 9 de diciembre de ese 2009, la cotización se hallaba en 12.91. Entre octubre del 2008 y diciembre del 2009, el banco central subastó 29,589 millones de dólares.

¿Es posible comparar lo ocurrido en el 2008-2009 con lo que ocurre ahora? Sí, a condición de que consideremos algo obvio: lo ocurrido hace siete años ya es un capítulo cerrado. Lo de ahora es un proceso en marcha. Una parte del nerviosismo que sentimos ahora tiene que ver con la incertidumbre. No sabemos cómo terminará la película. La comparación definitiva se podrá hacer cuando este capítulo encuentre su punto final. Si a fines del 2016 el peso cierra a 15 por dólar, será una historia muy diferente que si queda arriba de los 18 o en 20. No dice game over en la pantalla. La incertidumbre nos está machacando.

Otra cosa: el ejercicio comparativo debe ir más allá del tipo de cambio y revisar otras variables económicas. Los movimientos cambiarios del 2008-2009 se dieron en un contexto de contracción. El mayor problema económico de ese año no fue la volatilidad cambiaria. En esos momentos, Estados Unidos vivía una crisis comparable a la de 1929, luego de la quiebra de Lehman Brothers y el estallido de la burbuja hipotecaria. A ellos les dio gripa, porque entraron en recesión. Su PIB cayó 0.3% en el 2008 y 2.8% en el 2009. A nosotros nos dio un catarrito, según el doctor Carstens. Una pulmonía, de acuerdo con la mayoría de los galenos. La economía se contrajo 6.5% en el 2009 y se perdieron 650,000 empleos en la economía formal.

El tipo de cambio se mueve en el 2016 de una forma que nos recuerda las peores crisis de nuestra historia reciente. La depreciación acumulada en 17 meses sólo había ocurrido en medio del derrumbe. Lo peculiar es que ahora no hay recesión ni hiperinflación. En el 2015, la economía creció 2.5% y generó 644,000 empleos. El año pasado, el peso se depreció 16%, pero la inflación acumulada fue de 2.13 por ciento.

Una de las diferencias más importantes entre ahora y el 2008-2009 es el comportamiento de la economía de Estados Unidos. Nuestros vecinos y principales socios comerciales están creciendo. Son nuestro principal socio comercial y punto de origen de más de 15 millones de turistas que nos visitan. Su buen desempeño ha contagiado a nuestra economía. México creció 2.5% en el 2015 y mantiene el paso en el 2016, a juzgar por las cifras de ventas internas al menudeo de enero.

¿En qué quedamos? ¿Cuál momento es más complicado? El de ahora, porque el virus del nerviosismo sigue vivo: desaceleración de China; caída de los precios del petróleo y materias primas, así como depreciación descontrolada de las monedas de los países emergentes. No hay doctor que encuentre la cura. Lo peor es que siguen acumulándose síntomas. Esta semana se sumaron las dudas sobre la solvencia bancaria europea.