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Si el peso se ha apreciado frente al dólar no es porque se cumpla un objetivo económico gubernamental de tener una moneda “fuerte”. Así que no hay razón para presumirlo como si fuera un logro.

La paridad cambiaria es un precio, un síntoma, que se altera por diferentes razones. Es una consecuencia con la que, por cierto, la economía mexicana ha aprendido a lidiar muy bien en sus efectos, por ejemplo, en la inflación.

Esto viene a cuento porque ahora mismo la relación peso-dólar está en uno de esos niveles psicológicos que hacen muy atractivo lucrar políticamente con los datos, que puede desatar una de esas explicaciones mañaneras propias de “los otros datos”.

El mercado cambiario mundial es tan volátil que no hay manera de saber cuál es el tipo de cambio en el momento de leer esto, pero la tarde de ayer el dólar estadounidense estaba muy cerca del piso de los 19 pesos y eso es una tentación populista muy apetecible.

En todo caso, habría que hablar de los motores internos que mueven el tipo de cambio, entre ellos, la confianza y la expansión económica.

Ayer mismo también conocimos la revisión a la baja de las previsiones del Banco Mundial del crecimiento del Producto Interno Bruto, desde su estimación anterior de expansión en este 2025 de 1.5% apenas a 0.2 por ciento.

Esa sí es una preocupación real de la que debería hablarse desde el poder, porque no todo tiene que ver con el efecto Trump y su visceral y errática política comercial, una parte importante de la baja tiene que ver con otro de los factores que es indispensable para tener una economía estable: la confianza.

Porque si queremos hablar del peso depreciado desde junio del año pasado, hay que apuntar a dos factores determinantes que mermaron la confianza: el primero, de índole interna, fue la agenda legislativa de López Obrador en manos de una mayoría parlamentaria creada de forma tramposa; y el segundo, externo, son las políticas arancelarias de Donald Trump.

 ¿Cuál es el reto interno para mantener la estabilidad macroeconómica y por lo tanto un tipo de cambio resiliente?

Si la economía creció en promedio durante todo el sexenio pasado 0.63% y esta continuidad de la llamada 4T arranca con una estimación de expansión del PIB cercana a 0, el reto es cuidar la salud macroeconómica.

López Obrador entregó la economía prendida de alfileres por los niveles de deuda y desequilibrio presupuestal, así que el reto de este primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum es que el mercado crea que sí está en marcha un proceso de corrección fiscal.

Si tanto les gusta un “peso fuerte” debe haber políticas macroeconómicas responsables, tanto monetarias como fiscales; tiene que haber una adecuada gobernanza que fortalezca el Estado de derecho; se tienen que promover las inversiones y se debe invertir en infraestructura que funcione, no en trenes mayas.

Aun así, el tipo de cambio no tiene que ser un referente de éxito o fracaso, porque puede llegar una nueva decisión del Presidente de Estados Unidos que reavive la volatilidad en segundos y adiós “súper peso”.