¿Para cuánto da el voto útil?


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Leopoldo GómezTercer Grado

A pesar de la ventaja de Andrés Manuel López Obrador en las encuestas, suele afirmarse que aún no hay nada escrito, pues falta ver cómo se alinea el voto anti-AMLO, ese que le dio la victoria a Felipe Calderón en 2006 y luego facilitó el triunfo de Enrique Peña. Bajo esta lógica, un acomodo similar del electorado podría llevar a Ricardo Anaya o a José Antonio Meade a Los Pinos.


A pesar de la ventaja de Andrés Manuel López Obrador en las encuestas, suele afirmarse que aún no hay nada escrito, pues falta ver cómo se alinea el voto anti-AMLO, ese que le dio la victoria a Felipe Calderón en 2006 y luego facilitó el triunfo de Enrique Peña. Bajo esta lógica, un acomodo similar del electorado podría llevar a Ricardo Anaya o a José Antonio Meade a Los Pinos.

En realidad, los datos disponibles muestran que ahora la coyuntura es muy distinta: López Obrador ya no genera el rechazo de antes y Morena capta las segundas preferencias de muchos panistas y priistas.

Pero tal vez el signo más revelador es que, en este momento, una transferencia de votos como la que se dio en 2006 o 2012 sería insuficiente para darle un vuelco a esta elección. La evolución de las preferencias electorales permite dimensionar el famoso voto útil. (Información de Cantú, Hoyo y Morales, “La crisis de las encuestas en México”, Nexos, mayo 2015).

Aunque en 2006 ese voto fue decisivo para el triunfo del PAN, los datos muestran que de principios de ese año al día de la elección, Madrazo no cayó más de 3 o 4 puntos porcentuales, los mismos que subió Calderón. Incluso en el momento más crítico para el priista, al inicio de mayo, cuando tocó piso, la transferencia —momentánea— de votos hacia Calderón no superó los 5 puntos porcentuales.

Para 2012, la lectura es más complicada, pues vista del inicio al fin de la contienda fue López Obrador quien más puntos ganó, en parte a costa de Josefina Vázquez Mota. El mayor swing de votos del PAN al PRI se observó en los primeros meses de las campañas, pero ni siquiera entonces superó los 4 puntos porcentuales.

En conclusión, ni cuando el PAN y el PRI eran mucho más cercanos, su intercambio de votos alcanzó la magnitud que hoy se requeriría para remontar una ventaja de más de 10 puntos.

Esta vez, para competir por el primer lugar no basta una apuesta por el voto útil. Dar la batalla exige movilizar nuevos electores y restarle apoyos directamente a López Obrador. Después de todo, para eso son las campañas.

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