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En Banxico saben que cada centavo que se deprecia el peso es un costo extra para muchos sectores.

Ahora que el Banco de México tiene más pistas de lo que sigue con el previsible aumento de las tasas de interés en los Estados Unidos, sobreviene que la propia autoridad mexicana sea más clara en lo que planea hacer con la política monetaria local.

Desde la Junta de Gobierno de Banxico deben analizar muy bien las consecuencias de la especulación financiera y el impacto que de hecho ya tiene la profunda depreciación del peso frente al dólar en la inflación.

En el banco central saben que cada centavo que se deprecia el peso es un costo extra para muchos sectores industriales y comerciales que utilizan insumos importados, pero tienen muy claro que la falta de un mercado de consumo dinámico hace a muchos oferentes limitar sus precios para no perder mercado.

Pero cuando un sector coludido con prácticas monopólicas, como el de la industria avícola, toma como pretexto para elevar el precio del kilogramo del huevo la devaluación del peso, parece haber llegado la hora de consideraciones de la autoridad monetaria.

Y no es que si el Banco de México sube su tasa de referencia un cuarto de punto o hasta medio punto pueda evitar que suba el precio del huevo, pero es evidente que en la opinión pública ya existe la impresión de que los dólares caros ya están afectando las finanzas personales en uno de los productos más sensibles de la canasta básica.

Si permea la creencia de que el peso débil es capaz de provocar un aumento de 30% en el precio de este alimento, puede generar una ola de incrementos especulativos en otros productos.

Por eso es indispensable que ahora que se destapó la especulación con el precio del huevo la autoridad debe poner un ejemplo de tolerancia cero ante el abuso. Y más cuando el propio Ildefonso Guajardo, titular de la Secretaría de Economía, identificó plenamente a los productores como los causantes de esta burbuja especulativa en el precio.

Lo primero que tiene que hacer el presidente Peña Nieto con su gabinete económico es ponerlos de acuerdo, porque horas antes de que Guajardo identificara la especulación, Enrique Martínez, titular de Agricultura, había jurado que todo era culpa de la cuaresma.

Si la estrategia gubernamental es salir a declarar que se aplicarán las leyes hasta sus últimas consecuencias y caiga quien caiga, pero lo que hacen realmente es esperar a que el asunto se olvide y que con el paso de las semanas se equilibre el precio alterado por la especulación, abrirán la puerta para que otros sectores hagan exactamente lo mismo.

Y no se trata de que un funcionario calcule que unos pesitos más por los huevos no afectarán la medición del Índice Nacional de Precios al Consumidor, porque su ponderación es mínima en el indicador.

Se trata de ser sensibles en tiempos socialmente complicados y de entender que hay riesgos financieros y políticos tan altos que hasta 1 kilo de huevo a precio inflado puede desatar problemas mayores.

Hacen falta huevos a mejor precio e inteligencia política para lidiar sensiblemente con lo que ocurre hoy en el país.