No investigan: recolectan cuentos

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Carlos MarínEl asalto a la razón

Al parecer no tuvo participación alguna en la masacre, pero a principios del año pasado coincidió con El Gil en el Reclusorio Norte

A falta de una eficiente averiguación que corrija o desmienta la “verdad histórica” de la extinta Procuraduría General de la República, la Fiscalía Especial del caso Ayotzinapa recurre a la pepena de falsos testimonios entre criminales habilitados de “testigos protegidos” para inventar una distinta versión de lo que sucedió con los normalistas asesinados en 2014 por la banda Guerreros Unidos.

Con la “asesoría” de Omar Vázquez Arellano (en los días de la matanza también se hacía llamar Omar García), un ex estudiante que trató de negar la participación de narcotraficantes de Los Rojos en la movilización del alumnado el día de los levantamientos y desapariciones (postulado ahora por Morena a una diputación plurinominal), el Ministerio Público federal confía en obtener de un par de delincuentes una narrativa que satisfaga los apetitos políticos de quienes han venido engañando a los padres de Los 43.

Para cumplir su propósito, el fiscal Omar Gómez Trejo (ex achichincle del corrosivo Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes) cuenta con la complicidad de la incapaz presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Rosario Piedra, quien sin hojearla siquiera descalificó la detallada, voluminosa y hasta hoy no rebatida recomendación que heredó de la Oficina Especial del Caso Iguala de la propia CNDH, contra la que cometió la insensatez de desaparecerla.

Desde hace varios meses, el primero de esos “testigos” es Gildardo Astudillo, El Cabo Gil, sobreviviente de la noche de Iguala, quien era jefe de la célula de Guerreros Unidos en esa cabecera municipal, que ordenó el secuestro de los estudiantes y coordinó el apoyo de las policías municipales para secuestrarlos y desaparecerlos.

Pese al cúmulo de evidencias que pesaban en su contra, incluidas las conversaciones interceptadas por la agencia antidrogas estadunidense, fue liberado en septiembre de 2019 gracias al alcahueteo y presiones del GIEI, la Comisión de la Verdad y la Fiscalía Especial. Entre las patrañas con que este sujeto endulza el oído de la 4T está la mentira de que el Ejército participó en el crimen tumultuario.

Otro es Abigael González Valencia, alias El Cuini, cofundador del Cártel Jalisco Nueva Generación y cuñado del dirigente a quien apodan El Mencho.

Al parecer no tuvo participación alguna en la masacre, pero a principios del año pasado coincidió con El Gil en el Reclusorio Norte.

Para evitar ser extraditado a Estados Unidos logró se le tomara como “testigo colaborador” de la infructuosa Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa que encabeza el subsecretario Alejandro Encinas, quien sueña con obtener de él valiosa información.

Con ese propósito, antier fue sacado del penal de alta seguridad del Altiplano y llevado al menos incómodo de Santa Martha, en donde platicó durante seis horas con el fiscal Gómez Trejo. Si el comportamiento de la autoridad pudo pecar de candidez en un principio, a estas alturas de su gestión delata una criminal perversidad…

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