Minuto a Minuto

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En los primeros días de la Presidencia de Donald Trump, sentíamos que el mundo se nos venía encima porque el nuevo inquilino de la Casa Blanca nos tenía en exclusiva en la mira de sus ataques.

El muro y quién lo paga, el abuso de nuestro país en materia comercial, los despiadados ilegales, la invitación y la cancelación, la llamada, en fin. México, en exclusiva para los ataques.

Una buena fotografía de lo mal que le fue a México es el comportamiento de la cotización del peso frente al dólar durante enero. Nada influyó más para esa cotización que los exabruptos de Trump y la moneda mexicana pasó de los 20.70 a los 22 pesos.

En el momento en que Donald Trump amplió el rango de sus ataques y se metió con todo el mundo musulmán la moneda mexicana inició la despresurización a la par que el propio dólar se debilitaba frente al peso.

Donald Trump es ese personaje que es capaz de colgarle el teléfono a Malcolm Turnbull, ese caballero, primer ministro de un país tan amigable como fantástico que es Australia.

Verdad o mentira, ¿quién duda que Trump sea capaz de ofender al presidente mexicano y amenazarlo con el envío de tropas para combatir al narcotráfico?

Ahora, todo lo que hemos visto hasta este punto en esa nueva y tensa relación de México y Estados Unidos no es nada comparado con lo que nos espera.

Hay dos escenarios para adelantar el futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN):

El primero incluye un repentino ataque de sentido común del presidente Donald Trump y una efectiva presión interna de los sectores productivos que perderían con la cancelación del acuerdo. De esta manera se lograría una actualización del pacto que al cabo de unos años vuelva a beneficiar a México.

El otro escenario es que Trump cumpla lo que prometió y que si México y Canadá no aceptan su texto de renegociación del TLCAN, inicie los trámites para sacar a Estados Unidos del acuerdo trilateral.

¿Cuál de las dos opciones cree que elegirá el “bad hombre” que despacha desde su Twitter y el Salón Oval?

Es por eso que en este país debemos prepararnos para el escenario en que el gobierno de Estados Unidos iniciará el proceso de eutanasia del TLCAN.

Insisto en que algo hay que agradecer a Donald Trump: nos ha sacado de una zona de confort donde nos mantenemos atorados. Al menos ahora empiezan a moverse lastres del tamaño de la revalidación de estudios, la desregulación de las inversiones y hasta el retomar las legislaciones pendientes en materia de combate a la corrupción y la impunidad.

Si queremos ir a tocar puertas para buscar nuevos socios, debemos tener una mejor cara, porque es un hecho que ese prolongado matrimonio con Estados Unidos había hecho de este país una nación mediocre y conformista.

En esta nueva etapa lo que más hay que cuidar es no morder el anzuelo de las provocaciones de ese bully mal hombre que está en pleito con el planeta entero.