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La economía mexicana no va bien, el Sistema de Indicadores Cíclicos del Inegi muestra una fase de contracción y eso no ayuda a la narrativa oficial a convencer que todo va muy bien.

Uno de los espejitos que gusta vender el gobierno es el nivel de las remesas, que no son un triunfo gubernamental, al contrario, pero incluso esos envíos van a la baja.

Y ante la imposibilidad de presumir los envíos de remesas, la narrativa oficial se aferra a la fortaleza del tipo de cambio, otro indicador que tampoco tiene que ver con la gestión gubernamental.

Perderse en el espejismo del peso fuerte como una evidencia de que vamos “requetebién” no permite poner atención a un fenómeno que puede resultar contraproducente en estos momentos.

La política arancelaria del presidente de los Estados Unidos ya da visos de desatar una guerra comercial que podría encontrar uno de sus campos de batalla en el mercado cambiario.

No es sólo retórica decir que el peso es fuerte, sino más bien que estamos ante un dólar débil. Hay que ver que hoy también hay un euro fuerte, una libra esterlina más apreciada, un yen japonés recuperado.

El dólar de Estados Unidos es la principal reserva mundial y se ha debilitado de forma importante, se nota en su medición con una canasta de divisas, operada en los mercados como el Índice Dólar (DXY), y que durante la primera mitad de este año presentó un retroceso de 10.8%, que es su peor rendimiento para una primera mitad del año desde 1973.

Temores por la política fiscal, consecuencias de los aranceles y su constante amenaza, eventuales relajamientos monetarios, en fin, condiciones provocadas desde el poder político con efectos negativos para las importaciones a Estados Unidos, casualmente algo conveniente para la política comercial de Trump.

Pero hay algo más, en esa canasta de divisas hay una que ha tenido un comportamiento muy similar al dólar, que se ha depreciado de forma notable y que, con ello, aporta una ventaja cambiaria a las exportaciones del país emisor.

Evidentemente se trata del renmimbi chino que se ha depreciado en niveles muy parecidos al dólar.

Para entender la proporción, veamos estas comparaciones del peso frente algunas divisas. El peso ha perdido durante los últimos seis meses 3.2% frente al euro, pero ha ganado 9.6% frente al dólar estadounidense y 7.8% frente al renmimbi.

En términos comerciales un peso más caro frente al dólar eleva el precio de las exportaciones mexicanas, un renmimbi más barato, hace más bajo el precio de los productos chinos.

El punto es que China tiene antecedentes de devaluar artificialmente su moneda para elevar su competitividad, algo muy conveniente ahora que Estados Unidos le aplica mayores aranceles.

Y en el país de Trump hay políticas de su gobierno que han propiciado esa depreciación cambiaria que, digamos, indirectamente, beneficia a su producción local.

La cotización de estas dos monedas, las más poderosas del mundo, ¿son víctimas o son obuses en una guerra comercial?

El peso ha perdido durante los últimos seis meses 3.2% frente al euro, pero ha ganado 9.6% frente al dólar estadounidense y 7.8% frente al renmimbi. En términos comerciales un peso más caro frente al dólar eleva el precio de las exportaciones mexicanas, un renmimbi más barato, hace más bajo el precio de los productos chinos.