Miguel Camacho
@mcamachoocampo

El pasado 13 de noviembre México vivió un hecho que hizo enojar al presidente López Obrador. Miles de personas salieron a las calles de varias ciudades del país para manifestarse en defensa del Instituto Nacional Electoral. Mucho se ha dicho y se seguirá diciendo del hecho. Varias ideas han rondado mi desordenada cabeza, aquí les comparto algunas.

No cabe duda de que las manifestaciones dolieron al inquilino de Palacio Nacional. Su tamaño es directamente proporcional al enojo del presidente, manifestado en insultos y descalificaciones a los participantes.

Su enojo lo llevó a convocar una manifestación, que él mismo encabezará, el próximo 27 de noviembre. Se realizará en la Ciudad de México, del Ángel de la Independencia al Zócalo (no dude que los gobernadores de Morena organicen otras). El objetivo, aunque no lo quiera reconocer el mandatario, es demostrar que él puede más. Seguramente en esta ocasión el gobierno capitalino, sí contará de manera escrupulosa a los participantes.

Pero al pasar de los días, y al ver las reacciones de los actores de la política nacional, estoy convencido de que quienes realmente debieron tomar nota del mensaje de lo sucedido el domingo 13 son los legisladores y los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Los primeros, porque aprobarán o rechazarán lo que mande el presidente. Los segundos, porque serán quienes resuelvan los recursos que se presentarán en caso de que el presidente López Obrador decida usar el “Plan B” y buscar alguna estrategia legal que le permita conseguir su objetivo.

El objetivo de López Obrador con su reforma político electoral, va más allá del INE, es una total “reingeniería” del sistema electoral mexicano, reingeniería que ni sus mismos correligionarios entienden, lo que me queda más claro después de escuchar este miércoles al diputado Ignacio Mier, presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, en una entrevista con Joaquín López-Dóriga.

Una perla de la entrevista, la elección de diputados. El diputado Mier dijo que en la nueva reforma cada partido presentará una lista de candidatos por estado, de esa relación los electores votarán por uno y los que obtengan más sufragios serán quienes entren como legisladores, ¿acaso no es lo que tenemos ahora? ¿Qué no entran los que más votos reciben?

Siguiendo el hilo de la elección de diputados. Supongamos que, a la Ciudad de México, por su población, le son asignados 50 legisladores y en los comicios participan cuatro partidos políticos o coaliciones, entonces los ciudadanos tendrían que elegir un nombre entre 200 candidatos, ya no entre los cuatro candidatos de su distrito. Eso no es una “representación pura”, como dijo el diputado Mier, son ganas de ¡#$%&… complicar la vida del ciudadano.

Miguel, ¿todo es perfecto?, me preguntaría mi amiga Adri. La respuesta es no, todo se puede mejorar, pero ese proceso debe ser producto de la reflexión, del diálogo y la conciliación, no de querer imponer una realidad que se ve desde una burbuja. El presidente y su equipo deben DIALOGAR, no sea que el “tigre rompa su burbuja”.

EN EL TINTERO

¿Qué opina usted de las fotografías y las listas de personajes asistentes a la marcha que presentó AMLO? Siquiera les hubiera quitado el membrete de la Secretaría de Seguridad. Estaría bien, ya que dice ser un presidente transparente, que informaran la cantidad de elementos de inteligencia que desplegó para cubrir la manifestación.