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El escándalo de los menores migrantes separados de sus padres creció exponencialmente y se convirtió en el primer gran revés político de Trump.

Un síntoma notable fue la reacción de las ex primeras damas del país. “Es una deshonra”, dijo Rosalyn Carter. “Es una crisis humanitaria”, dijo Hillary Clinton. Laura Bush escribió en el Washington Post: “Es cruel. Es inmoral”. Estuvo de acuerdo Michelle Obama: “A veces la verdad trasciende los partidos” (NYT, 19/6/2018)

Entre abril y junio, las autoridades migratorias de Estados Unidos enviaron a campos de detención, hasta ahora invisibles, a casi 2 mil menores migrantes ilegales, muchos de ellos niños, algunos bebés.

No hay ley migratoria estadunidense que obligue a separar a los menores de sus padres.

Las detenciones masivas de los últimos meses nacen del criterio de “tolerancia cero” anunciado por el gobierno a principios de abril.

La “tolerancia cero” consiste en juzgar como delito federal, con prisión preventiva obligatoria, lo que hasta ahora era visto como una infracción menor, que permitía tener en custodia, juntos, a los adultos infractores y a sus hijos en centros de detención y custodia del departamento de Salud y Servicios Sociales.

Lo que la ley sí prohíbe es recluir a menores junto con sus padres en una prisión federal. De modo que la detención de los adultos obligaba a la separación de los menores y a tratar a estos como migrantes que hubieran entrado solos al país.

Trump anunció ayer lo que parece una marcha atrás. Firmó una orden ejecutiva para mantener a “las familias unidas”. Las familias que él había separado.

No tuvo que ir muy lejos para hacer esto. Suspendió solo la orden de que los adultos debían ir a una prisión federal. Volvió al criterio de la aplicación benigna de una legislación que, por otra parte, no tiene nada de benigna.

Trump aumentó en 2 mil el número de menores retenidos. El hecho es que en cerca de 100 campos de custodia de menores regados por todo el país hay 11 mil 351 jóvenes y niños retenidos (El País, 20/6/18).

A su manera siniestra, Trump mostró al mundo la punta de un iceberg. Al parecer, encalló en él. Pero el iceberg sigue ahí.