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Los ciclones tropicales, cuando se convierten en tormentas tropicales o huracanes por la intensidad de los vientos, tienen dos fases antes y después de tocar tierra: la de acercamiento y la de alejamiento.

El acercamiento es un momento crítico por los estragos que puede causar la velocidad de los vientos, aunado a la cantidad de agua que se precipita.

Los fuertes vientos, dependiendo la escala del fenómeno hidrometeorológico, pueden causar derribamiento de anuncios, árboles, techos, techumbres y objetos que pudieran estar en las calles o en zonas costeras, como sucedió en Acapulco recientemente.

Pero el alejamiento es también un momento delicado, sobre todo en zonas montañosas, porque la acumulación de lluvia provoca grandes avenidas de agua en ríos y canales, estancamientos, así como escurrimientos de las partes altas.

El agua siempre busca su cauce y es precisamente, en la fase de alejamiento, en que hemos visto en el país grandes inundaciones y deslaves. Además de la mayor afectación material y humana en las áreas urbanas.

Por ello, no hay que bajar la guardia y mantener la alerta a nivel personal, familiar y colectivo, aun cuando el fenómeno pase a su etapa de dispersión.

Llama la atención que con el ciclón tropical, que entraría por la costa tamaulipeca, ha generado el establecimiento -en sesión permanente- del comité de Protección Civil del Gobierno del Estado, presidido por el doctor Américo Villarreal, como no se había visto en años en la entidad.

Se ha determinado un conjunto integral de acciones en materia de seguridad pública, salud, bienestar, protección civil, continuidad de servicios básicos y se decidió la suspensión de clases en todo el sistema escolar desde el miércoles hasta el viernes, entre otras acciones.

Según las previsiones del Servicio Meteorológico de la Comisión Nacional de Agua, el fenómeno, que se llamaría Alberto-, entraría en la franja que comprende los municipios de Soto la Marina y San Fernando, en las playas de La Pesca y Carboneras. La otra previsión es que el impacto sea el área de Playa Bagdad, en Matamoros.

Pareciera que son medidas propias de una gran alerta. Se ha pedido calma y que no haya alarma.

La experiencia en el manejo de situaciones críticas relacionadas con fenómenos hidrometeorológicos demuestra que más vale ejercer una anticipación meticulosa exagerada que subestimar las consecuencias provocando daños graves en lo material y la integridad física de las personas.

La esperanza es que este fenómeno traiga fuerte carga de agua. Si es así, será una bendición frente a la grave sequía que vive Tamaulipas y la región noreste del país.

Hoy sigue pendiente una gran inquietud: ¿cuánta de esa agua de lluvia se irá a los mares, sin aprovechamiento alguno?

Planear e invertir a futuro para captar agua pluvial y su aprovechamiento es una asignatura pendiente.

Pero no sólo ello, sino también crear condiciones para que las cuencas funcionen de una manera virtuosa y redundante, lo cual implica infraestructura para el tratamiento de aguas y canalización de las corrientes para su almacenamiento en espacios naturales o depósitos ex profeso.

El uso, reuso y aprovechamiento del agua debe ser el objetivo central en la política pública. Y a partir de ahí crear todas las obras y acciones necesarias, de cara a un futuro donde el cambio climático seguirá dando sorpresas.