En la mañanera del lunes, cuando Eduardo Esquivel Ancona, reportero de SDP Noticias, le preguntó al presidente López Obrador sobre si afectaría a la economía ciudadana la nueva norma de verificación vehicular que ordena la revisión  físico-mecánica de los automóviles con antigüedad de cuatro o más años a partir del próximo mes de noviembre, con un costo de mil pesos por unidad. El mandatario confesó no tener conocimiento de esto, a pesar que el ordenamiento, procedente de la Secretaria de Economía, fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el pasado 3 de mayo.

La revelación del presidente sobre su ignorancia en el tema constituye algo inusitado. El gobierno de la 4T se ha caracterizado porque el Ejecutivo tiene en sus manos y es de su conocimiento todos los asuntos concernientes al poder Ejecutivo y más allá.

Transcribo la justificación esgrimida por Andrés Manuel sobre el asunto: “hay decisiones que toman las secretarías y no se consultan; ahora estamos procurando que todo lo que perjudique la economía popular se consulte. Antes era un desorden del gobierno porque cada secretaria hacía lo que pensaba era su función o responsabilidad; ahora no, sobre todo en lo que perjudica a la gente”.  (Por lo visto el desorden gubernamental, declarado, una y otra y otra vez por AMLO, extinto, persiste o renace cuando al Mandatario le conviene)

Unas líneas más de su respuesta: “tenemos que sensibilizar a los servidores públicos, porque ellos dicen: ‘Hay un acuerdo, así está la norma y ya’, y la gente, como los mismos tecnócratas lo dicen, no cuenta, en una variable que no importa, cuando es lo principal”. (Luego, en el gobierno de la 4T existen tecnócratas) “Entonces, eso se va a revisar, no vamos a estar bolseando a la gente”.

La respuesta presidencial puede dar origen a una triple especulación: Una, que el gabinete del gobierno de la 4T se ha convertido en el juego de Juan Pirulero donde cada cual atiende su juego sin rendirle cuentas al preciso. Dos, que éste ha dedicado su tiempo, en los últimos meses, al posicionamiento de las corcholatas para su posible sucesión, descuidando aspectos de su gobierno. Tres, que Tatiana Clouthier —Juntos hicimos Historia— haya caído de la gracia andresina y ahora el tabasqueño le atribuya rasgos tecnócratas y conservadores, sobre todo cuando la hija de Maquío, en algunas encuestas, si bien no ocupa los primeros lugares, si aparece empatada en el cuarto lugar con Adán Augusto López, el secretario de Gobernación, del que se afirma es el plan B como corcholata sucesoria del inquilino del Palacio Nacional.

En otro orden de encuestas y de verificaciones, el ciudadano que redacta lo que usted lee, desde hace meses realiza una encuesta a sabiendas que su resultado jamás será tomado en cuenta por ninguno de los tres órdenes de gobierno. Un amplísimo porcentaje de los encuestados opinó que antes de ponerse a verificar automóviles el gobierno verifique las calles y carreteras del país para ver si éstas están libres de baches, topes que parecen bardas y agujeros que son socavones. Padecemos hoyos con pedazos de calle y brechas de cuota.

Otro tanto sucede con las banquetas en la mayoría de nuestras ciudades. Tal parece que el peatón no merece seguridad y menos comodidad para caminar libremente. No obstante que existen normas sobre las características que deben reunir las banquetas, especificaciones de medidas y particularidades obligatorias, como la existencia de rampas para sillas de ruedas, es mínimo el porcentaje de las que cumplen con tales requisitos.

Reto a los alcaldes de la Ciudad de México y a los ediles de las poblaciones estatales a que salgan a recorrer, en silla de ruedas, las demarcaciones que gobiernan, digamos una hora, para que comprueben que no es lo mismo atrás que en ancas.

Punto final

¿De qué trabaja tu mamá?

Es lavandera.

No mames. ¿De qué país?