La frase “sí hay tiro” es de origen boxístico, se usa para señalar que los dos peleadores que están arriba del ring tienen condiciones parejas, los dos están en buena forma y dispuestos a brindar un buen espectáculo. La primera vez que escuché la expresión fue en la voz del campeón Julio César Chávez, en su carácter de cronista del deporte que reglamentó el Duque de Queensberry.

El dicho deportivo, fue aplicado a la política el pasado domingo 5 de junio por los dirigentes de la alianza Va por México, cuando tuvieron la ilusión de que habían triunfado, cuando menos, en tres de las seis gubernaturas que estuvieron en juego. En Durango, el priista Alejandro Moreno y el perredista, Jesús Zambrano, afirmaron: “Hay tiro para el 2024”; en tanto que Marko Cortés, expresó en Aguascalientes, tras el triunfo de la candidata blanquiazul Teresa Jiménez:  “Hay tiro para 2024 y en Acción Nacional asumimos la responsabilidad de ser la oposición”. La frase corrió con mejor fortuna que la de los dirigentes que la pronunciaron.

La semana pasada connotados analistas y columnistas de los medios de comunicación dedicaron tiempo y espacio a expresar si habrá tiro o no para el 2024. La mayoría opinó que no hay tiro porque la oposición no tiene una figura capaz de enfrentar con igualdad de fuerza al candidato o a la  candidata del Movimiento Regeneración Nacional (Morena). El PAN está dividido. El PRI está en terapia intensiva y el PRD simplemente no está. Yo diría que considerando lo anterior lo más que puede haber es tirititito.

Mientras tanto en Morena el tiro por el corcholatazo del 2024 alcanza proporciones de detonación que tarde que temprano se tornará fuego amigo, si no es que éste ya comenzó y el atolondrado redactor de esta columna no se ha dado cuenta.

Este domingo en Toluca, cuando Morena inició en el Estado de México la organización rumbo a las elecciones del 2023, donde estará en juego la gubernatura de uno de los dos bastiones que le quedan al PRI, hizo su aparición el aplausómetro. Los tres primeros nombres que pronunció el maestro de ceremonias fueron: Adán Augusto López Hernández, Marcelo Ebrard Casaubon y Claudia Sheinbaum Pardo —en este orden— en mi opinión a los tres les aplaudieron igual: empataron en aplausos Aunque en los silencios que el conductor de la ceremonia hacía, entre nombre y nombre, se escuchaba a un grupo, que no se sentía muy numeroso, gritar “Marcelo, Marcelo, Marcelo”. En dos o tres ocasiones, el mismo grupo, supongo, exclamó: “Delgado, Delgado”. No sé si era una forma de pedirle al canciller que se ponga a dieta o era una proclama de apoyo al dirigente nacional morenista.

Delfina Gómez, Higinio Martínez y Horacio Duarte, aspirantes a la candidatura para gobernar el estado donde se realizó la reunión, no entusiasmaron a nadie, recibieron un aplauso diezmado.

El senador Ricardo Monreal no fue invitado. Por más que pregona su adhesión incondicional hacía López Obrador, no ha entrado, ni entrará, al grupo de las corcholatas de Morena. Pero no le faltó actividad para desarrollar y aparecer en los medios: la conmemoración del Día del Zacatecano en la Ciudad de México, una fiesta que celebran, desde hace 72 o 69 años —no se ponen de acuerdo— el domingo más cercano al 10 de junio los nacidos en Zacatecas que viven en la Ciudad de México. Obviamente que Ricardo tomó la palabra para felicitar a los zacatecanos que viven en la capital, “lugar que nos ha albergado y que nos ha dado cariño a través de décadas”. Tres pensamientos pudieron pasar por su mente para completar la frase: “que yo debería de estar gobernando”; “que puedo gobernar a partir del 2024”; “desde donde presidiré al país el próximo sexenio”. Puestos ha especular con su raciocinio, es probable que en silencio todo el tiempo se recrimine: “No debí apoyar a Sandra Cuevas”.