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El 2024 traerá menos crecimiento y más presiones al tipo de cambio. Es casi imposible que se repita un PIB de 3% y que se mantenga el superpeso en los niveles de 17 por dólar. La economía de Estados Unidos se está enfriando y tenemos elecciones en puerta. Es seguro que un enfriamiento de la economía estadounidense se refleje en México, en exportaciones manufactureras y remesas, por ejemplo. Es probable que los procesos electorales de México y Estados Unidos generen volatilidad en el tipo de cambio. ¿Recuerdan que las declaraciones de Trump movían el valor del peso en 2016?

México crecerá entre 1 y 2 por ciento. Una de las pocas cosas buenas que trae el menor crecimiento es la reducción de las presiones inflacionarias. Eso dará margen de maniobra al Banco de México para bajar la tasa de referencia. Estamos en 11.25 y, si no pasa nada extraordinario, terminaremos cerca de 10 por ciento. Mucho dependerá de lo que pase con la Reserva Federal en Estados Unidos. Allá la tasa está en 5.25. Se pronostica un mínimo de 3 reducciones, si no pasa nada extraordinario.¿Quién se atreve a apostar por un año “ordinario”? En 2020 y 2021 tuvimos el covid. En 2022, la invasión rusa a Ucrania y la escasez de chips o semiconductores. En 2023, el agravamiento de la crisis en Palestina y la irrupción de Milei en Argentina. Otis en Acapulco y polarización en casi todo el mundo.

Los bancos centrales dejarán de preocuparse tanto por la inflación y, al final del año, quizá, los veremos arquear las cejas por los riesgos asociados a una recesión provocada por las altas tasas de interés. Esto pronosticaba un artículo del Financial Times. Más allá del papel que jueguen los bancos centrales, está claro que 2024 será un año donde las políticas fiscales se moverán al ritmo que tocan las necesidades de la vida política. En Estados Unidos, la Bidenomics implica un déficit mínimo de 4.5% del PIB. En México, la diferencia entre ingresos y gastos programados por el gobierno asciende a 1.8 billones de pesos, alrededor de 5% del PIB. China no tiene elecciones, pero también usará el presupuesto para reactivar una economía agobiada por la crisis de las inmobiliarias y otra cosas.

El 2024 empezó con todo. No han pasado dos días completos y ya tenemos muchas noticias: el gobierno mexicano anunció la mayor operación de colocación de deuda del sexenio, 7,500 millones de dólares. Esta colocación es, también, la más alta realizada por un país con la calificación de deuda que tiene México. Pagaremos tasas que van de 5 a 6.45%, dice el gobierno que son buenas. Vendrán más colocaciones. Para el año, el Congreso otorgó “permiso” al gobierno para endeudarse por 18,000 millones de dólares. Además de la fiebre electoral, tenemos la crisis de Pemex. Los vencimientos de deuda de la petrolera en el 2024 ascienden a 16,400 millones de dólares.

En estas primeras 48 horas del año, el panorama internacional nos dio una probadita de lo que será el 2024: fuerte terremoto en Japón; tensiones en el mar Rojo; el acuchillamiento de un líder de oposición en Corea del Sur y lluvias torrenciales en Gran Bretaña, el centro de Europa, África y Estados Unidos. Es el Niño, explican los meteorólogos. Agravado por el cambio climático, acotan los ecologistas. Tendremos un año con fenómenos climáticos extremos. Esto significa riesgo para ciudades que están en las costas o cerca de ríos e incertidumbre en las cosechas para los agricultores, entre otras cosas.

Polarización fue la palabra del 2023, según la Real Academia. Para El Economista fue nearshoring. Las dos seguirán sonando fuerte en el 2024. Cruzamos los dedos para que la polarización no ahonde la grieta y se convierta en mayor violencia. Esperemos que tengamos la capacidad para aprovechar el potencial que nos ofrece el nearshoring y salgamos, por fin, de la trampa del crecimiento mediocre. ¡Les deseo un feliz 2024!