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Es una buena noticia por donde se le quiera ver: la economía de Estados Unidos goza de niveles de creación de puestos laborales compatibles con una designación de pleno empleo. Y tiene esta condición con bajos niveles inflacionarios y un crecimiento económico que luce parejo en todos los sectores productivos de ese país.

En la parte política no hay mejor tranquilizante para una fiera como Donald Trump que poder llenar sus discursos de autohalagos asumiendo la autoría de la condición económica que hoy impera. Cualquiera que entienda de ciclos económicos sabrá que el actual gobierno tiene que ver poco con esta condición económica.

De hecho, por favor, no le digan a Donald Trump, pero los empleadores privados crearon más fuentes laborales durante el 2016 de Barack Obama, 2.2 millones de puestos, que durante el primer año de Donald Trump, 2.1 millones. De verdad, no lo distraigan de sus “logros” que ya ven que se pone muy mal.

Claro, no hay que regatearle a la administración de Trump el círculo virtuoso temporal para la economía de su reforma fiscal. Y de verdad insisto en lo temporal porque no se le ven ganas al republicano de paliar el gasto para evitar problemas deficitarios futuros.

Como sea, hoy Donald Trump goza de una tasa de desocupación de 4.1% que es un nivel de pleno empleo, la economía estadounidense parece estar en condiciones de ofrecer un puesto laboral prácticamente a quien lo solicite. Los bemoles están en las regiones, en las competencias, en la educación y otros factores de ese tipo.

Y también en la raza. No es gratuito que en pleno 2018 en su informe sobre el Estado de la Unión, el presidente Trump hiciera referencia al empleo y al empleo de los afroamericanos. Desafortunadamente, no es lo mismo que un blanco pida trabajo a que lo haga un negro.

La tasa de desocupación de un ciudadano estadounidense blanco en enero pasado se ubicó en 3.5% contra la tasa de los afroamericanos que está en 7.7 por ciento. Y si Trump presumió esta tasa que es realmente alta es porque los negros en Estados Unidos tenían una tasa de desempleo en el 2010 de 17 por ciento.

El caso de los latinos con opción a empleos legales y reconocidos es interesante. A la par de la baja en el desempleo general, los hispanos muestran hoy una tasa de desocupación de 5%, no tan distante de la tasa general aunque superior a los niveles de empleo de blancos y asiáticos.

Hay que ver en el reciente dato de las remesas al cierre del año pasado este efecto de altos niveles de empleo de los latinos. No es sólo el miedo a Trump, es el hecho de que tienen trabajo a pesar de la guerra verbal del actual gobierno.

Con la población blanca en niveles de absoluto pleno empleo debería bajar la presión por expulsar a los que erróneamente consideran como sus competidores laborales. En primer lugar, porque la realidad es que son generalmente funciones diferentes y, en segundo lugar, porque califican a las personas por su color de piel.

En fin, estos tiempos del pleno empleo son convenientes para bajar un poco de la presión bilateral en esa relación tensa con Donald Trump y de paso garantizan que esa locomotora jale de ese pequeño vagón que es la economía mexicana y de paso lleguen más remesas.