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No sabemos si en esa hiper corrección política de la comunicación externa del Banco de México realmente les pasa de noche analizar el enorme peso que tienen las malas decisiones gubernamentales en las expectativas inflacionarias, o si bien solo son extremadamente pulcros en sus mensajes para así no herir susceptibilidades.

Después de todo el caos que desató el presidente Andrés Manuel López Obrador con sus iniciativas constitucionales presentadas en febrero y saber, tras las elecciones del 2 de junio, que sí tendría una oportunidad de generar una enorme destrucción institucional, empezando por el Poder Judicial, los mercados acusaron recibo.

El peso se depreció muy fuerte frente al dólar porque se abría la puerta al presidente saliente, López Obrador, de cobrar una venganza personal a través de apoderarse del control del Poder Judicial.

Pero eso, para la Junta de Gobierno del Banco de México se reduce a “factores idiosincráticos”.

Dice en la más reciente minuta de la reunión de decisión de política monetaria del 27 de junio que, “uno” de los integrantes de la Junta de Gobierno señaló que ahora se suma un choque no previsto de volatilidad financiera por factores idiosincráticos, lo que representa un obstáculo adicional para lograr la convergencia de la inflación a la meta en el horizonte de planeación.

Quieren hacer de “idiosincrático” una vasija donde quepan todos los asuntos político-electorales que hemos visto. La Real Academia de la Lengua define idiosincrasia como el conjunto de rasgos y el carácter distintivo de un individuo o comunidad, no las ocurrencias de López Obrador.

Ahora, además de la “idiosincrasia” también ha fracasado la lucha contra la inflación por la gran cantidad de dinero que ha soltado el gobierno con fines electorales, lo mismo con los incrementos salariales por decreto que dispersando grandes cantidades de dinero en efectivo para aceitar los ánimos a favor de su alternativa política.

Eso también lo explican los sofisticados banqueros centrales mexicanos cuando “otro” dice que los riesgos al alza de la inflación también derivan del impulso fiscal durante el 2024. Suena más diplomático.

El Banco de México está metido en un gran problema en su lucha contra la inflación, porque sí hay innegables factores internos que se suman a hechos externos, como los precios de los energéticos, y a eventos imponderables, como las condiciones climáticas, que van a complicar sus decisiones futuras.

Estados Unidos tiene ya un registro inflacionario incluso menor a 3% que adelantaría las condiciones para iniciar un proceso de baja en las tasas de interés.

México y su casi 5% de inflación general no puede tan fácilmente mandar un mensaje de relajación monetaria, porque podría haber un castigo financiero que genere de alguna forma presiones inflacionarias adicionales.

Separar más los caminos de las políticas monetarias de México y Estados Unidos implica riesgos adicionales a los que ya enfrenta este país.

En el panorama nacional tenemos a un Presidente saliente que ya causó severos daños fiscales, que hereda una bomba de tiempo en Pemex y con el nivel de la deuda pública, que está dispuesto a consumar sus venganzas legislativas y que todo eso puede implicar una degradación crediticia.

Seguro para el Banco de México esto se reduce a decir que son sólo choques por factores idiosincráticos.