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El sucesor de Barack Obama se rehusó a establecer un fondo en el que se garantizara la separación clara de los negocios del Grupo Trump y la Presidencia.

Estados Unidos no tiene una ley que regule los conflictos de interés del presidente y el vicepresidente. Esta “peculiaridad” será una de las zonas de tensión de la presidencia de Donald Trump.

El sucesor de Barack Obama se rehusó a vender sus empresas o a establecer un fondo en el que se garantizara la separación clara de los negocios del Grupo Trump y la Presidencia. Por el contrario, lo que ha hecho en el periodo de transición ha servido para alimentar las dudas. Donald Trump dijo que seguirá siendo el productor ejecutivo de El aprendiz; nombró a su yerno, Jared Kushner, como asesor especial y dejó al frente de sus negocios a sus hijos Eric y Donald.

Ninguna de estas cosas está prohibida para el presidente de Estados Unidos. Como la legislación lo permite, Trump se atreve. Hay frivolidad, nepotismo y riesgo de corrupción en estas decisiones. No es que Estados Unidos tenga una historia exenta de corrupción. Lo raro del caso Trump es que la forma de combinar sus negocios y la Presidencia lo emparenta con gobiernos tan “reputados” como el de Angola, donde el presidente Eduardo dos Santos nombró a su hija, Isabel, presidenta de la petrolera estatal. Isabel dos Santos es la mujer más rica de África, y Angola está en el lugar 130 de 161 en el ranking de Transparencia Internacional.

Los posibles conflictos de interés de Donald Trump empezaron antes de que él llegara a la Casa Blanca. En Filipinas ya brincó una situación trumpiana. El socio de Trump en Filipinas, Ed Antonio, fue nombrado enlace especial del Gobierno filipino con Estados Unidos. ¿Cómo afectará la relación de negocios el trato bilateral 
Estados Unidos-Filipinas? En otras circunstancias, un mandatario estadounidense se habría preocupado por aclarar el asunto. Trump está hecho de otra madera. Su grupo tiene desarrollos en 20 países fuera de Estados Unidos. ¿Cuántos de sus socios foráneos harán trámites ante su Gobierno?

Un asunto que genera mucho morbo es el caso de Deutsche Bank. Este banco tiene un proceso pendiente en Estados Unidos por malas prácticas en la crisis del 2008. El proceso está en manos del Departamento de Justicia y podría derivar en una multa de 14,000 millones de dólares. El conflicto podría surgir porque las empresas de Donald Trump le deben 364 millones de dólares a Deutsche Bank. ¿Usará Trump su influencia para aligerar la multa a DB? Si lo hace, ¿podrá recibir mejores condiciones en el crédito? ¿Lo comunicará?

Depende del color del cristal con que se mire, Donald Trump representa una excentricidad o un retroceso en muchas cosas. En el caso de transparencia, no hay mucho que deliberar: Trump se conduce como un personaje público de hace medio siglo, con opacidad y marrullería. Es la resistencia a publicar sus declaraciones de impuestos y la forma en que pretende conciliar la Presidencia y sus negocios.

Las primeras escenas de la película permiten augurar un mal final. Según Transparencia Internacional, 18 de las últimas 20 revueltas sociales en el mundo han tenido como detonador asuntos graves de corrupción. Me dirán que Estados Unidos no es como Brasil, Guatemala o Egipto, pero consideren que el señor Trump actúa como dictador de un país bananero.

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