La semana pasada China publicó un par de datos que representan un parteaguas político y económico para el gigante asiático.

El primero es que, por primera vez en poco más de seis décadas, China sufrió una disminución en su nivel de población. El segundo dato es que durante el 2022 la economía china creció solamente 3%, su tasa más baja desde 1976 (excluyendo el 2020 marcado por la pandemia).

La disminución de 850,000 habitantes parece menor dado que la población total es de aproximadamente 1,412 millones. Sin embargo, lo más importante no es la magnitud del decremento si no el cambio de tendencia y las potenciales dificultades para revertirlo.

Vale la pena recordar que, en 1980, el gobierno chino encabezado por el reformista Den Xiaoping implementó una política poblacional que limitaba a las familias a tener un solo hijo(a).

Esta política, que estuvo vigente durante 35 años (entre 1980 y 2015), fue implementada como una medida temporal para controlar el crecimiento de la poblacional y facilitar el crecimiento económico en un entorno de escasez de capital y recursos naturales.

Está política poblacional coincidió con el inicio de una serie de profundas reformas estructurales centralizadas, pero pro-mercado, que detonaron una era de gran crecimiento económico que contribuyó a sacar de la pobreza a millones de chinos y convirtió a China en una potencia económica a nivel global.

Aunque la política de un solo hijo(a) era de carácter temporal, el gobierno la mantuvo hasta 2015 cuando era más que evidente que las consecuencias de mantenerla estaban teniendo consecuencias negativas.

Desde principios de este siglo, especialistas demográficos comenzaron a destacar las implicaciones negativas de la política de control natal pero el gobierno chino mantenía una posición rígida.

Las únicas concesiones fueron hacia el 2013 cuando se comenzaron a expedir permisos para que las familias tuvieran un segundo hijo a las parejas en las que alguno de los padres era hijo único. Sin embargo, estas concesiones tuvieron un impacto muy limitado en la tasa de natalidad.

Aunque China eliminó la política de control natal desde el 2015, los estragos de 35 años de esta política se harán más evidentes conforme pase el tiempo.

En un país en el cual el modelo económico está en transición a uno donde el consumo doméstico se vuelve un pilar importante, la falta de crecimiento poblacional tiene consecuencias negativas.

En el sentido más esencial, la capacidad de producción de una economía depende de tres factores: capital, trabajo, e innovación. A mayor innovación y mejor disponibilidad de capital, mayor productividad por trabajador.

La China de este siglo no es la misma de 1980 en la que había escasez de capital y recursos naturales. Desde hace tiempo, la economía china ha detonado la formación bruta de capital y ha tenido acceso a recursos naturales del resto del mundo a raíz de la globalización.

El gobierno chino parece estar consciente de su error y desde el 2021 comenzó a ofrecer incentivos a la población para tener más hijos. Sin embargo, estos incentivos parecen insuficientes ya que la tasa de natalidad tocó un mínimo de siete nacimientos por cada 1,000 personas en el 2022.

La China de Xi Jinping enfrenta retos muy importantes para alcanzar sus metas de crecimiento en medio de un modelo económico en transición, una población decreciente, un gobierno inclinado a privilegiar las decisiones políticas sobre las económicas y una relación cada vez más antagónica con Estados Unidos que amenaza con convertirse en una nueva guerra fría.