La semana pasada se llevó a cabo el Simposio Anual de política monetaria organizado por la rama la Reserva Federal (Fed) de Kansas City en Jackson Hole, Wyoming, que por primera vez desde el 2019 se llevó a cabo de manera presencial.

Este evento, que se realiza desde 1982, fue inicialmente planeado como un foro para el intercambio y discusión de ideas sobre economía y política monetaria.

En 1982, la Fed de Kansas City decidió convocar al foro en las montañas de Jackson Hole para atraer la presencia del entonces presidente de la Fed, Paul Volcker, un gran aficionado a la pesca con mosca en río (fly-fishing).

Desde entonces, el simposio cuenta con la participación de alrededor de 100 personas, incluyendo las cabezas de los principales bancos centrales, ministros de finanzas, académicos y analistas de todo el mundo.

A partir de la crisis financiera del 2008-09, el evento ha adquirido especial relevancia debido a las medidas de extraordinarias de política monetaria implementadas por los principales bancos centrales del mundo.

En esta ocasión, había una gran expectativa sobre la intervención del presidente de la Fed, Jay Powell. A partir de la publicación del dato de inflación de julio, a principios de agosto, el mercado y algunos especialistas habían comenzado a anticipar una postura menos restrictiva por parte de la Fed.

En concreto, el hecho de que el dato de inflación de julio fuera menor a lo esperado –y que posiblemente constituyera un cambio de tendencia– aunado a la evidente desaceleración y creciente riesgo recesión, llevó a algunos observadores de mercado a argumentar que la Fed tomaría una postura menos restrictiva.

En pocas palabras, la apuesta parecía ser que si los datos de inflación de agosto confirmaban la tendencia a la baja, la Fed solamente subiría la tasa en medio punto en su reunión de septiembre y tal vez otro cuarto de punto en noviembre y otro en diciembre. Pero más allá de eso, estos observadores habían comenzado a descontar que la Fed podría comenzar a revertir este ciclo de alzas durante la segunda mitad del 2023.

Sin embargo, la intervención de Powell estuvo bastante lejos de este escenario e hizo a muchos pensar en Paul Volcker, el presidente de la Fed mencionado al principio de esta edición, quien además de ser un ávido pescador, también es recordado por su obsesivo combate contra la inflación.

Las palabras de Powell fueron contundentes: “el restablecimiento de la estabilidad de precios tomará tiempo y posiblemente requerirá de un periodo sostenido de crecimiento por debajo de la tendencia esperada y un mercado laboral con condiciones de mayor holgura”.

Powell también recordó que una de las labores principales de un banco central es mantener las expectativas inflacionarias bien ancladas, y que en algunas ocasiones es necesario que los participantes en la economía experimenten cierto nivel de dolor para romper el círculo vicioso en el que la simple expectativa de mayor inflación lleva a los agentes económicos a tomar decisiones que contribuyen a generar esa inflación.

Si el mercado laboral se mantiene robusto y los puestos de trabajo siguen sin llenarse, los trabajadores seguirán demandando mayores salarios para poder hacer frente a sus expectativas de inflación.

La conclusión es que la Fed está preparada para mantener su trayectoria alcista de tasas con el objetivo de combatir la inflación aún y cuando sus decisiones contribuyan a generar algo de debilidad en la actividad económica.

Es más, el mensaje de Powell parece aceptar que para poder combatir el deterioro en las expectativas de inflación podría ser necesario ver esta debilidad en la actividad económica.

Después de la intervención de Powell, el mercado comenzó nuevamente a asignar una mayor probabilidad a un alza de tres cuartos de punto en la tasa de Fed Funds después de que la expectativa comenzaba a decantarse más por un alza de medio punto.