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La semana pasada, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó su actualización más reciente del World Economic Outlook, confirmando un panorama gris para el crecimiento global en el corto y mediano plazos.

El FMI proyecta una desaceleración en el crecimiento del PIB global de 3.4% en el 2022 a 2.8% en el 2023. Asimismo, el FMI advierte que, si el estrés en el sector financiero generado por los fuertes y súbitos incrementos en las tasas de interés se intensifica, el crecimiento global en el 2023 podría disminuir hasta 2.5 por ciento.

En ambos casos, la desaceleración se explica principalmente por un menor crecimiento en las economías desarrolladas en donde el FMI espera una reducción en el ritmo de expansión de 2.7% en el 2022 a 1.3% en el 2023 en el escenario base y 1.0% en el escenario de mayor estrés en el sector financiero.

La desaceleración más fuerte dentro del bloque de economías avanzadas se espera en la Zona Euro donde el PIB pasaría de crecer 3.5% en el 2022 a 0.8% en el 2023, mientras que en Estados Unidos la desaceleración sería de 2.1 a 1.6% en el 2023.

En el caso de las economías emergentes, la desaceleración más notoria se estaría dando en América Latina y el Caribe donde el PIB pasaría de un crecimiento de 4.0% en el 2022 a 1.6% en el 2023.

En el caso de México, el FMI pronóstica una desaceleración de 3% en el 2022, a 1.8% en el 2023 (muy por abajo del pronóstico de la SHCP de 3.0% pero superior al del consenso de analistas que se ubica en 1.4 por ciento).

El único bloque en donde se anticipa una aceleración en el crecimiento durante el 2023 es en el de Asia Emergente (con el crecimiento pasando de 4.4% en el 2022 a 5.2% en el 2023), impulsado principalmente por la reapertura en China después de casi tres años de encierro por la política de Covid-cero.

Aunque para el 2024 el FMI espera una muy leve aceleración en el crecimiento global a 3.0%, el panorama de mediano plazo es complejo.

En concreto, para el próximo quinquenio, el FMI pronostica un crecimiento global anual de apenas 3 por ciento. Dicha cifra es considerablemente inferior al promedio anual de 3.8% de los últimos 20 años y representa el crecimiento más lento para cualquier lustro desde 1990.

Este gris panorama para el crecimiento global convive con una dinámica inflacionaria no vista en tres décadas. De acuerdo con los estimados del Fondo, la inflación global podría bajar de 8.7% en el 2022 a 7.0% en el 2023 y no regresaría a niveles normales hasta el 2025, en el mejor de los casos.

El FMI destaca que aunque los precios de los alimentos y los energéticos han bajado notablemente, la dinámica de precios subyacente se mantiene compleja y resistente a la baja como resultado de una situación de escasez de trabajadores en un número importante de economías.

Las autoridades financieras enfrentan un reto complejo ante un camino muy estrecho y con poco margen de error.

Para el FMI, los bancos centrales están obligados a combatir la inflación pero sin generar una desestabilización en el sector financiero, por lo que deben de estar listos para reaccionar de manera ágil ante cambios en el entorno. La política monetaria adquiere particular relevancia ante el agotamiento de las herramientas de política fiscal.

Después de la crisis generada por la pandemia, los gobiernos de los países desarrollados usaron todo su arsenal de política fiscal y ahora deben de reestablecer un camino de sustentabilidad para sus finanzas públicas.

A estos retos hay que sumar un entorno geopolítico cada vez más complejo en el que el FMI identifica una inevitable fragmentación geoecononómica cuyo impacto pudiera ser una etapa prolongada de menor crecimiento con inflación persistente.