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“No volverá a haber apagones en México”, dijo contundente el presidente Andrés Manuel López Obrador… y tres quincenas después: otro apagón.

En aquel corte de energía eléctrica del 28 de diciembre del año pasado, que afectó a más de 10 millones de personas en el país, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) intentó justificarlo por la quema de un pastizal en Tamaulipas.

Buscar un culpable siempre, dicen los manuales de propaganda de la 4T. Sólo que tras su “explicación” de la quemazón de pasto, el gobierno del estado de Tamaulipas respondió de forma tan contundente que evidenció a la CFE y con ello se perdió, en la inevitable politización, la explicación de por qué se dio ese evento.

En abril del 2019 ya se había presentado otro apagón masivo en Yucatán, Quintana Roo y Campeche. ¿Cuál fue entonces la explicación de la CFE de Manuel Bartlett? Sí, la misma, una quema de maleza había afectado al tendido eléctrico. Sólo que en ese momento la 4T todavía tenía una enorme credibilidad y ahí quedó el asunto.

Ayer, una vez más, se dio un apagón masivo y la 4T se desvive en explicar que también se fue la luz en Texas y que fue un problema de suministro de gas natural y que tiene que ver con el frente frío y que la masa de aire polar. En fin.

La solución de este gobierno, pedir a la gente que vive hoy bajo cero en el norte que por favor no usen la electricidad.

Lo cierto es que ya son tantos eventos que han ocurrido en esta administración, que han dejado sin luz a millones de personas, que ya es para encender las señales de alarma.

Porque quemas agrícolas han existido siempre, los frentes fríos y las heladas, también. Salvo que las masas polares sean parte de un complot neoliberal.

Lo que es un refrito de la peor época política de este país es esa visión estatista para acaparar a esta industria y a la petrolera, cuando no existe ni la tecnología, ni la infraestructura, ni los recursos suficientes para jugar al monopolio del Estado.

Tanto en el sector petrolero como en la industria eléctrica hay un muy mal enfoque de la 4T sobre cuáles son las prioridades. En ese afán de regresar al México egoísta y cerrado de mediados del siglo pasado de controlar todas las energías, han perdido de vista las prioridades.

Pemex no debería estar construyendo una refinería. La prioridad no son las gasolinas, la salvación de esta empresa pública estaba en la extracción de petróleo crudo y compartiendo el riesgo con empresas privadas. Dos Bocas, con recursos públicos, es hundir más a Pemex en el terreno de la quiebra técnica donde hoy se maneja.

Y en el sector eléctrico, la CFE, lejos de buscar perjudicar a las empresas privadas en sus diferentes esquemas de generación, debería concentrarse en mejorar su red de distribución de electricidad.

Desde los grandes tendidos de distribución a lo largo y ancho del país, hasta los esquemas de última milla, cuando la demanda de electrificación alcanza ya hasta la industria automotriz. Y, otra vez, con el concurso de los que tienen la tecnología y los capitales en la iniciativa privada.