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Le comento al lector que esta columna la iba a titular: “Más vale pedir perdón que pedir permiso”. También anduvo por mi cabeza el encabezado: “No es lo mismo la señora de la casa que la casa de la señora”.

Deseché ambas opciones y preferí titular mi trabajo con una interrogante que nos incluye a todos y que, tal vez, al concluir la lectura de esta colaboración —si es que me hacen el favor de leerla hasta su final— tengan una respuesta para la misma.

“Lo que más odio es que me pidan perdón antes de pisarme”, dijo Woody Allen. Parafraseando el aforismo del humorista neoyorkino podemos decir que lo que más nos fastidia a las mexicanas y a los mexicanos es que nos pidan perdón un año ocho meses después de que “tuvimos la percepción” de que teníamos a la vista un acto de corrupción. Amnésicos que somos, ya hasta se nos estaba olvidando.

Todo lo hasta aquí escrito, viene al caso por el perdón que el presidente Peña Nieto pidió por el asunto de la Casa Blanca, el pasado lunes cuando promulgó las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción.

Todo el perdón solicitado se enfocó a la famosa mansión ubicada en las Lomas de Chapultepec adquirida por su señora esposa, Angélica Rivera Hurtado, de cuya existencia supimos en noviembre del 2014; no así para la residencia de descanso que en el Club de Golf de Ixtapan de la Sal, Estado de México, el licenciado Peña Nieto compró en el 2005 —siendo gobernador— a la Constructora y Urbanizadora Ixtapa, según información publicada por The Wall Street Journal, el 20 de enero del 2015 y que, por su cercanía de fecha a la de la revelación de la existencia de la mansión de Las Lomas, se sumó al escándalo inmobiliario propiciado porque —según las propias palabras de EPN— “no obstante de actuar conforme a derecho y con total integridad” descuidó “la percepción que generamos (los funcionarios públicos en la sociedad) con lo que hacemos”.

En el caso de la residencia de descanso aquí referida, la percepción de un conflicto de interés deviene de que la Constructora y Urbanizadora Ixtapa, vendedora del inmueble, según información del precitado diario estadounidense, ganó más de 100 millones de dólares en contratos de obra pública durante el mandato de Peña Nieto en el Estado de México, y desde que Peña se convirtió en presidente ha ganado cuando menos 11 contratos federales.

Sin embargo, por la adquisición de la propiedad en Ixtapa que sumada a la compra del inmueble de su esposa “causó la irritación de los mexicanos”, “afectó a la familia (Peña), lastimó a la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno” no pidió perdón. O, tal vez, esta otra propiedad la tenga de reserva por si no resulta suficiente el perdón pedido el lunes pasado y requiriera, de nueva cuenta, implorar clemencia para que cese el mal humor social.

De vuelta a la pregunta que encabeza estas líneas, los principales analistas y politólogos han juzgado y emitido su opinión del acto de perdón del lunes, algunos con afabilidad, otros con dureza.

Alguien escribió que si la ruta trazada a través de lo dicho por el preciso el lunes es el camino por el que va a transitar el resto del sexenio no está mal.

Más de uno alabó la autocrítica inusitada en las alturas del poder y saludable en cualquier nivel de éste.

Otros mencionaron cierta soberbia del presidente que minimizó el conflicto. Por ahí leí que la tardanza en la reacción es producto de la ausencia en Los Pinos de asesores con verdadera capacidad para manejar una crisis como la que se presentó. No hubo quién midiera con precisión la repercusión de la noticia en el deterioro de la imagen presidencial.

En lo que todos coinciden es en la tardía reacción. Los amables coinciden en decir que más vale tarde que nunca y que se necesita un gran valor para, aunque haya pasado un año ocho meses, reconocer que se equivocó. Los duros expresaron que la petición es hipócrita y que sólo tiene como objetivo el tratar de recuperar su popularidad —si alguna vez la tuvo— y reparar su maltratada imagen.

Otro aspecto de la solicitud que no fue ignorado es el electoral, después de la vapuleada que el PRI, el partido del presidente, se llevó en las pasadas elecciones del 5 de junio.

En lo personal, pienso que la petición presidencial de indulgencia es un mal ejemplo. Imagínese usted si Duarte de Ochoa y Duarte de Chihuahua siguen el paradigma peñanietista y se van pidiendo perdón por sus errores.

Cumpleañero

A lo mejor habrá quien le otorgue el perdón al presidente porque hoy —escribo el miércoles— cumple medio siglo de existencia.

Por cierto, ayer, martes, al finalizar la inauguración del Foro Internacional “Equidad para las víctimas en el debido proceso”, organizado por la asociación Alto al Secuestro, la presidenta de este organismo, Isabel Miranda de Wallace, pidió que subieran a la mesa principal un pastel que ella llevó para celebrar con un día de anticipación el cumpleaños presidencial. Cantaron “Las Mañanitas” y el presidente de la Cámara de Senadores, Roberto Gil, propuso que hubiera “mordida, mordida”. ¡Caray! A sólo 24 horas de la promulgación de las leyes del sistema anticorrupción, ya le están sugiriendo corruptelas al presidente.