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Esto es mejor que la rigidez de una moneda atada a una paridad fija.

Ahora que la imparable delincuencia se encargó de sumarme a las estadísticas, he tenido que ir a las tiendas a tratar de restituir algunos de los enseres domésticos robados y he visto en carne propia cómo la depreciación del peso frente al dólar sí ha impactado algunos precios.

Pero también me consta que muchas cadenas comerciales mantienen descuentos casi permanentes que son paliativos para esos incrementos de precios.

Hay evidencias de que los bajos niveles de consumo que se mantienen en la economía han sido un freno para la inflación, de ahí que desde el cuarto de guerra del Banco de México se mantengan atentos a los efectos negativos del peso débil frente al dólar en los precios.

El hecho de que el peso mexicano no sea la única moneda que sufre los estragos de la volatilidad mundial ayuda a repartir las facturas y a evitar que México concentre las atenciones exclusivas de las fuerzas especuladoras que están a la caza de los más débiles. De hecho, hay otras economías que peor lo pasan con sus divisas.

Como sea, es mucho mejor tener que enfrentar las angustias de ver al dólar en 16 pesos que la rigidez de una moneda atada a una paridad fija o que no represente los niveles de competitividad interna.

Buena parte de la crisis de 1995 se gestó en la necedad de anclar al peso frente al dólar, en ese entonces en alrededor de 3.50 pesos.

En Argentina, también en un sueño de lograr el primer mundo de una manera artificial, ataron su peso al dólar y sabemos bien que todo terminó en una crisis de liquidez y suspensión de pagos, cuyos efectos se siguen padeciendo en esa nación sudamericana.

Hoy Grecia y Puerto Rico comparten no sólo una crisis que los tiene al borde de la quiebra, tienen en común el grillete de una moneda mucho más fuerte que sus capacidades económicas.

La capacidad productiva del país helénico tiene que competir con potencias del nivel de Alemania, lo que evidentemente implica una gran desventaja para los griegos. Porque mientras los teutones fabrican, por ejemplo, algunos de los mejores autos del mundo, los mediterráneos tienen problemas para empacar y etiquetar su aceite de oliva.

El caso de Puerto Rico no es muy diferente, el Estado libre asociado tiene los niveles de competitividad propios de la región caribeña, pero comparten la misma moneda que el Silicon Valley de California.

Evidentemente que una moneda fuerte es un incentivo para los consumidores. Mientras más divisas se obtengan por la moneda local, más capacidad de compra se tiene de productos importados o directamente adquiridos en el extranjero.

Una economía sana, con inflaciones bajas, finanzas estables y sin mayores sobresaltos logra un equilibrio con las principales monedas, lo que aporta dos elementos deseables: poder de compra y competitividad de los productos locales.

Porque ahí está el caso contrario, la moneda china es castigada artificialmente para exportar más, pero su mercado interno se restringe.

Por eso, con todo y los espantosos dólares a 16 pesos, hay que estar seguros de que es mejor en todo caso tener las manos libres, que atadas a una paridad fija o ficticia como la del euro o la del dólar.