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Durante esta semana, la atención de los mercados estará centrada en la decisión de política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) que se publicará el jueves.

Hasta ahora, el BCE ha jugado un papel clave para mantener la cohesión de la eurozona, actuando como proveedor de liquidez para descongelar los mercados de crédito soberano y reducir los costos de financiamiento para algunas de las economías más grandes de la periferia europea.

Sin embargo, existe una percepción generalizada de que las autoridades europeas no han hecho lo suficiente para estimular el crecimiento económico e impulsar la recuperación de empleo.

Es claro que el BCE ha sido mucho menos agresivo que la Fed o el Banco Central de Japón (BoJ) en la implementación de medidas heterodoxas para atajar la crisis financiera y económica. Mientras que la Fed y el BoJ se han embarcado en un plan sin precedentes de expansión de la base monetaria mediante la emisión de dinero destinada a la recompra de deuda soberana de sus respectivos países —y en el caso de EU también de instrumentos respaldados por hipotecas—, el BCE ha optado por una postura más ortodoxa. Una de las razones detrás de este comportamiento es que el BCE tiene un mandato único de estabilidad de precios, mientras que la Fed tiene un mandato dual de procurar la estabilidad de precios y el pleno empleo. Otra razón por la cual el BCE ha sido tímido es la postura ultraconservadora de Alemania en esta discusión.

Sin embargo, dado el creciente riesgo de deflación y la amenaza de que Europa caiga en recesión por tercera vez en cinco años, todo indica que para el jueves el BCE finalmente tomará una postura más agresiva y menos convencional para atajar estos riesgos. Mario Draghi, presidente del BCE, parece estar consciente de que la institución no puede darse el lujo de cometer los mismos errores de política monetaria que cometió el BoJ y que contribuyeron a sumir a Japón en una década de estancamiento y deflación en los años 90.

Ante esta situación los mercados prácticamente han descontado que el BCE anunciará el jueves un programa de expansión monetaria al estilo de la Fed, pero a una escala más conservadora. Esta percepción de mayor intervención fue fuertemente reforzada por los comentarios hechos por Mario Draghi, durante su intervención en el simposio de política monetaria en Jackson Hole. Durante su discurso, Draghi enfatizó el gravísimo problema de desempleo que azota a gran parte de la eurozona y su gran impacto en la dinámica macroeconómica, la inflación y las finanzas públicas.

Asimismo, reconoció los riesgos de la manera tan conservadora y gradual de actuar del BCE hasta ahora y concluyó que la respuesta adecuada para combatir la situación actual requiere de una postura más agresiva por parte del BCE.

Para Draghi, en el contexto actual la política monetaria puede y debe jugar un papel central para impulsar la demanda agregada. No obstante, el presidente del BCE fue claro en que la política monetaria es solamente uno de tres pilares necesarios para sacar a la eurozona de su letargo, siendo los otros dos las reformas estructurales y la política fiscal.

Ésta no es la primera vez que el mercado anticipa una mayor intervención del BCE, pero sí es la primera vez que un presidente del BCE hace tan explícito un llamado en esta dirección. En las ocasiones anteriores, las iniciativas del BCE han pecado de tímidas y graduales, dado el contexto, pero en esta ocasión parece que Draghi ha dejado muy poco espacio para no actuar de manera más decisiva.

A pesar de la aversión natural de los alemanes a la inflación —por moderada que ésta sea— las autoridades europeas deben saber que es más fácil recorrer el camino conocido de reducir los déficits fiscales con la ayuda de la inflación, que virar por el camino incierto de la deflación.