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Nacional Metro CDMX opera con retrasos en 6 líneas
La mañana de este viernes 16 de enero se registraron retrasos en al menos seis líneas del Metro CDMX
Nacional Habrá una marcha y 7 concentraciones en la CDMX este viernes
El Sindicato Independiente de Trabajadores de la UAM realizará una marcha de la alcaldía Coyoacán a la alcaldía Tlalpan
Nacional Clima hoy 16 de enero: disminuirá el frío por la tarde, pero seguirán las lluvias
El pronóstico del clima prevé que disminuya el frío por la tarde de este viernes 16 de enero, aunque ingresará el frente frío 29
Nacional Reforma y desaparición de pluris
Esto forma parte de lo que le plantearon a la presidenta Sheinbaum sin que hiciera pronunciamiento alguno, aunque ayer por la mañana defendió la autonomía del INE, a diferencia de Pablo Gómez el martes pasado
Internacional Trump dice que María Corina Machado le “obsequió” su Premio Nobel de la Paz
Trump aseguró que Machado le "obsequió" la medalla del Premio Nobel de la Paz en el transcurso de su reunión privada en la Casa Blanca

Comenzamos un año nuevo, una libreta de vida con páginas limpias, sin tachaduras ni enmendaduras. Hacemos una lista de propósitos, entre los cuales, los más populares son: “Ahora sí haré ejercicio”, “me pondré a dieta”, “seré más conciliador”, “reconoceré mis errores”, “perseguiré esos sueños que he estado procrastinando” y en ese mar de buenos deseos prevalecen en el fondo las anclas que nos han impedido lograrlos en años anteriores: flojera, antojos (por la comida, las bebidas alcohólicas, otras personas), arrogancia, narcisismo, ambición, celos. Esa lista de actitudes y sentimientos —la mar de humanos— fue escrita en el siglo IV por el monje Evagrio Póntico y más tarde reescrita por los monjes Casiano y Cipriano: necesitaban nombrar los vicios a los cuales habría que prevenir a los monjes para poder alcanzar una vida anacoreta. En el siglo VI el papa Gregorio Magno la compendió en los temidos pecados capitales: la ira, la soberbia, la avaricia, la envidia, la lujuria, la gula y la pereza, yerros que cometemos insistentemente por nuestra naturaleza humana y que detonan una lista infinita de otros males. (Es curioso que en castellano los pecados tengan género femenino).

Tomás de Aquino escribió: “Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que, en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”. ¡Y es que así venimos de fábrica! pero para que no se armara una bacanal mundial se puso orden a través del miedo —no de la reflexión y de la enseñanza— y se cocinaron en la misma olla de horrores las palabras: carne, concupiscencia, vicios, pecados, demonio, placeres humanos y se elaboró un caldo de enemigos del espíritu y del alma. Ese concentrado de pavores potenciado por un gran ingrediente —la culpa— ha sido una roca con la que hemos colmado nuestros días. 

Considero que los encargados de la educación moral de la humanidad —en vez de habernos metido un miedo paralizante a vivir con una lista de pecados capitales— nos deberían haber enseñado a disfrutar lo mejor de nuestra condición humana, a no satanizar el placer, tan necesario para la felicidad de los seres humanos. Para Aristóteles la virtud era el hábito de actuar según el “justo término medio” entre dos actitudes extremas llamadas exceso y defecto, la cantidad apropiada de una virtud era “la media de oro” y se lograba equilibrando la razón y los sentimientos. Miguel de Unamuno escribe: “Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento”.

Como un buen ingeniero de audio —que mezcla y balancea la música que sale de los instrumentos de una banda— así deberíamos de equilibrar nuestros deleites para que sean satisfactorios y no se conviertan en grandes males; una comida sibarita acompañada de un gran vino, sesiones magistrales de amor, un día de pereza en la cama deben ser mezclados con inteligencia y con la conciencia de que, si lo hacemos bien, nos durará el gusto.