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La planta de Carrier en Indiana se queda en Indiana. Esto importa porque estamos hablando de algo lleno de significado. La fábrica de aires acondicionados fue el blanco de las críticas de Donald Trump en la campaña.

Ahora, es el símbolo de la política industrial que quiere impulsar el presidente electo de Estados Unidos. Es también una demostración de poder del próximo mandatario.

Carrier planeaba trasladar su producción y 1,400 empleos a Nuevo León. La decisión se tomó este año y se ejecutaría en el 2017. Al hacerlo, se ahorraría 65 millones de dólares en costos laborales, porque pasaría de un entorno donde se pagan 24 dólares por hora a un lugar con costos equivalentes a una décima parte de eso.

La mudanza no ocurrirá. Donald Trump convenció a los ejecutivos de la empresa de que se queden en Indiana. ¿Cómo convenció el magnate a Carrier? Mañana jueves dará a conocer los detalles, por el momento sólo tenemos información de contexto e hipótesis.

¿Garrote o zanahorias? Es probable que Carrier haya cedido a la presión del próximo presidente a través de una mezcla de ambas. Carrier es una filial, relativamente pequeña, de una enorme corporación, llamada United Technologies, que es proveedor del Ejército de Estados Unidos. Las ventas de UT al gobierno estadounidense son de 56,000 millones de dólares anuales, siendo el Pentágono su principal cliente.

Trump no debe haber tenido problemas en convencer a los directivos de la corporación madre de Carrier. Si ellos insistían en la mudanza, el presidente electo podría tomar las medidas para revisar los contratos de United Technologies con el Gobierno. ¿Quién sacrificaría miles de millones de dólares en ventas por ahorros de 65 millones de dólares?

The New York Times consiguió la primicia de la historia. El diario enfatiza un elemento clave: un empresario como Trump puede negociar en términos muy duros con las corporaciones, sin el riesgo de ser tachado de antibusiness. El rotativo neoyorquino compara esta negociación de Trump con el viaje histórico de Nixon a China. “Sólo un anticomunista como Richard Nixon pudo acercarse a China sin generar recelo”.

Comparar la planta de Carrier con la apertura del Dragón es, sin duda, una exageración, pero nadie puede regatear méritos a Trump. Es una promesa de campaña que muchos juzgaban imposible de cumplir. Lo hecho va en contra de la tendencia de las grandes corporaciones de trasladar sus procesos manufactureros a lugares de menores costos (como México), aprovechando los acuerdos comerciales.

¿Cuántas empresas seguirán el ejemplo de Carrier? Los fundamentales económicos siguen siendo los mismos: México está cerca, ofrece mano de obra de calidad, a una décima parte del costo. Lo que sí está cambiando es el imaginario y la noción de lo que es posible: habrá un Gobierno que presionará a las empresas para que mantengan su producción en Estados Unidos. Hay una sociedad que espera que eso ocurra. Puede haber costos reputacionales para las empresas que pongan el ahorro en costos por encima de cualquier cosa.

Una vez que asuma el poder, Trump contará con más “armas” de persuasión: puede ofrecer descuentos fiscales a quien se porte bien o sanciones para los que lo desacaten. No necesita renegociar el TLCAN para añadir incertidumbre a la relación comercial México-Estados Unidos: usará el poder de un modo distinto y eso parece bastar. Y ahora, ¿quién podrá defendernos?