Un tornado que viajó entre 254 y 331 kilómetros por hora pasando por Arkansas, Missouri, Illinois, Indiana y Kentucky durante seis horas.

Un súper tornado en pleno diciembre, cuando nadie lo espera, sin previo aviso, sin mucho que anticipar.

El estado más afectado fue Kentucky, las escenas nos trasladan a un pueblo fantasma, en donde los escombros solo son vidas revueltas, hechas añicos, destrozadas, coartadas e inservibles.

Los huracanes siempre nos han dado escenas crudas, de casas que desaparecieron, llantas, juguetes, ropa, colchones en la tierra y familias que lo perdieron todo, incluido a sus familiares y amigos.

Los límites de las calles quedan desvanecidos, ya no hay nada que divida, que señale, ni que indique quién vivió allí, ni cómo era el nombre del café donde se reunían, ni mucho menos en dónde fue que se conocieron la más nueva pareja de jóvenes del barrio.

El trabajo visual que ha realizado el fotoperiodista Adrees Latif es impactante, como siempre, su capacidad de adentrarse en la tragedia para encontrar escenas casi perfectas, seguirá siendo de admirar.

Este tipo de eventos catastróficos de tempestad y luego calma, el cielo suele pintarse de matices distintos a los que solemos ver, pero casi nadie mira al cielo, porque los escombros en los pies suelen hacer más ruido y nos duelen más.

Entonces es que Adrees lo hace y logra una sinergia entre la quietud y la tormenta. Los colores como pinceladas que matizan lo que captura.

Documentar el dolor y el sentimiento de pérdida sin ser invasivo, acompañar pero no ser visto, fotografiar porque la historia también se escribe con estos momentos, los de desgracia e impotencia.

El uso del drón se ha expandido dentro de las múltiples e innumerables habilidades de un fotógrafo, aunque claro, yo lo veo como un acto propio de quien se apasiona con lo que hace, porque el dron nos abre más los ojos.

Es curioso, pero cuando vemos por el lente de nuestra cámara lo hacemos con mayor atención de un solo ojo y el drón nos da esa posibilidad de explotar nuestra visión por completo.

Todos vemos diariamente cientos de miles de escenas, desde que despertamos hasta que volvemos a cerrar los ojos. Todo pasa tan rápido que es raro que nos detengamos a pensar en el “cómo” lo vimos.

Adrees hace eso con el dron, encuentra escenas perfectas, como lo decía en un inicio, en donde la tragedia está en todas partes, como el ejemplo que les presento hoy.

Los escombros, las llantas, los tubos, los pedazos de madera, la lavadora, el pedazo de sillón, las láminas, la estufa, la cubeta, un coche volteado, una camioneta de lado y en medio de todo, una camioneta pickup color roja, como si le posara, como si quisiera mostrarse en su momento final.

Eso hacen los fotógrafos como él, encuentran “eso” que nos va a atraer a mirar y observar con detalle ese instante. La camioneta justo al centro nos acerca y nos aleja, su color como punto de atracción y las llantas casi cual adornos que igualan una puesta en escena, de quien olvida lo que pierde con el viento, porque todo se queda revuelto y lejos, muy lejos.

Un pueblo de 2 mil habitantes, con más de 100 muertos y familias enteras que lo perdieron todo.

Les invito a seguir al fotoperiodista Adrees Latif en su cuenta personal de Instagram @adreeslatif