Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Adaptadores Seriales

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Laura GarzaEnfoque Manual

Somos la chica recostada boca abajo, somos el que ha aprendido a plantar por tutoriales de YouTube, somos los que compartimos más que nunca nuestras vidas en las redes sociales por el simple hecho de convivir

Cambiamos porque no nos queda de otra, porque no sucedió lo que esperábamos, porque en un estado de sobrevivencia actuamos de diferente manera a lo que incluso habíamos imaginado de nosotros mismos.

Rompemos nuestros propios límites hasta desconocerlos. Nos reinventamos y volvemos a empezar si siquiera darnos cuenta, seguimos el camino con una mirada distinta y una actitud opuesta a la anterior.

Habemos quienes nos hemos tenido que adaptar a distintas circunstancias y hasta nos pueden llamar “adaptadores seriales”, pero hay quienes les cuesta mucho trabajo replantear lo que con tantas ansias planearon o desearon.

A un año de tantos cambios en nuestra cotidianidad, los mexicanos nos enfrentamos ante una ventana de posibilidades de recuperar al menos la sensación de viajar, de sentir el sol, de salir por unas cervezas o al menos de ir a visitar a los amigos que han sido más cuidadosos durante este tiempo.

 

La vida nos ha cambiado y el asombro y la turbación han disminuido. Dormimos mejor, porque nos hemos acostumbrado a hacer la vida desde casa. Los ruidos ya se han ido integrando a nuestra cotidianidad y la dualidad de ser un empleado y al mismo tiempo hacer trabajo en casa se han ido fusionando de menos a más.

El comedor como escritorio y actividades escolares ha evolucionado, algunos a otros espacios, pero si no ha pasado a ser un espacio con ritmo de convivencia. Las horas, los audífonos, los snacks y la compañía han dejado de ser las peleas constantes que en un inicio eran unas constantes.

Nadie nos engaña con que no podemos pasar una Semana Santa en casa, días de asueto, las vacaciones de verano y las debidas fiestas decembrinas.

Nos hemos restaurado en cada periodo que pareciera ser una especie de ilusión. Volvemos a sentir el deseo de armar las maletas y salir, pero los casos cada vez más cercanos o los propios en la familia, nos han hecho guardarnos, olvidar las maletas y trasladar esa sensación en una especie de recuerdo, de nostalgia y de provocación para hacer en el interior de la casa, alguna especie de actividad distinta y cercana a la de aquellos tiempos.

La fotografía de hoy, tomada por la documentalista eslovaca Radka Dolinksa es un ejemplo claro que hemos logrado dominar nuestro más ferviente deseo de ser lo que éramos antes.

 

Adaptadores Seriales Laura Garza
Foto de Radka Dolinska /Instagram @dolinksapics

 

Se dice que la evolución es un cambio que sucede durante el tiempo, y eso hemos hecho sin tener escapatoria. A pasos pequeños y con un montón de tecnología a nuestro alrededor que de alguna u otra forma, nos han hecho pasar el trago amargo de manera menos compleja.

Hemos estado cerca, aún estando lejos. Las conversaciones han encontrado un nuevo canal para saber de nosotros y de los nuestros.

Nos hemos adaptado, hemos seguido el paso de nuestra especie y quizá imaginando el diagrama desde nuestros primeros pasos, hoy podemos decir que convivimos sin sentir, ni palpar, sin vernos de tú a tú pero con una transformación a través de una pantalla.

Nos hemos quitado la vergüenza de usar el traje da baño sin salir de casa, de abrir la maleta de la ropa de verano, llenarnos de bronceador la piel y postrarnos sobre una toalla en la azotea, en el patio o en donde sea que nos dé el sol.

Hemos aprendido a romper nuestros propios límites y nuestras más intrínsecas poses. La azotea está limpia de lo innecesario, aprendimos a plantar, a volver lo más que pueda a lo natural.

Bien dicen que somos lo que somos con los amigos, en nuestros trabajos, con las parejas, pero todo menos lo que en realidad nuestra esencia hogareña nos señala.

Hoy es diferente, somos más por cómo hemos sobrepasado el año de reinvención y adaptación obligada a seguir siendo los mismos, pero estando solos, o con la más mínima compañía en el mismo espacio.

Somos la chica recostada boca abajo, somos el que ha aprendido a plantar por tutoriales de YouTube, somos los que compartimos más que nunca nuestras vidas en las redes sociales por el simple hecho de convivir.

Hoy somos tan distintos al inicio del 2020, por el solo hecho de sobrevivir ante una pandemia que en nuestros tiempos creeríamos que estaría controlada por la tecnología y la ciencia.

Se viene otra Semana Santa con una ligera apertura que sabemos con seguridad, nos obligará a resguardarnos de nueva cuenta. Miedo ya no tenemos, pero sí mayor prudencia, al menos deberíamos tenerla.

Porque la evolución es nuestra especie es aprender a vivir bajo un nuevo modelo de vida, con poco a nuestro alrededor y rodeados de lo y de quienes en verdad necesitamos.

Se nos ha ido un año y hoy la azotea suena bien para asolearnos, sin penas ni tapujos.

Quedémonos en casa, hagamos fotos, compartamos en redes, y cuidémonos como si apenas fuera el inicio de esta nueva historia COVID-19.

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