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El juego de los destapes ha comenzado. No hay sobremesa que deje de lado la especulación sobre los candidatos presidenciales y, paralelamente, ya se hace todo tipo de sumas y restas en aras de predecir resultados electorales.

Para los priistas la ecuación es simple: tal como le resultó en el Estado de México, el PRI tendrá que consolidar su voto duro, desfondar al PAN y fragmentar al resto de la oposición. El problema es que a nivel nacional no se ve cómo el PRD podría morderle a Morena tanto como lo que le carcomió en aquella entidad. El 6 por ciento de intenciones de voto que registra Miguel Ángel Mancera palidece frente al 18 por ciento que alcanzó Juan Zepeda.

La apuesta sería cubrir la diferencia con uno o varios candidatos independientes que naturalmente dividirían el voto antisistema. En sus cálculos, los priistas incorporan a El Bronco, el independiente que parece tener el mayor potencial para la carrera presidencial. Y ahí es donde las cuentas podrían no cuadrarles. Lejos de darles la victoria, esa candidatura podría complicárselas.

No se puede ignorar que en 2015 El Bronco obtuvo un triunfo aplastante a costa del voto de castigo a todos los partidos. De hecho, en proporción a la elección previa, su candidatura perjudicó más al PRI y al PAN que al PRD. ¿Por qué pensar entonces que la izquierda sería ahora la única afectada o la más castigada por El Bronco?

Además, hay que recordar que la transferencia de votos entre el PAN y el PRI en el norte del país dio cauce a la corriente anti-AMLO y permitió los triunfos de esos partidos en 2006 y 2012. Algo similar tendría que pasar en 2018 para que el PRI fuese competitivo en caso de que Morena mantenga la fuerza que hoy le dan las encuestas. Pero El Bronco no solo podría restarle votos al PRI en esa zona del país, sino además arrebatarle el voto panista que necesita.

Al PRI, no todos los independientes le suman. En todo caso, necesitaría un independiente con fuerza en el centro y sur del país, ahí donde Morena tiene sus bastiones. Y El Bronco no es ese candidato.