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Justo antes del crack bursátil de 1987 en México todo el mundo hablaba de la bolsa en este país. Era auténticamente tema con el bolero quien ya había encontrado la forma de poner sus pocos ahorros en la compra de acciones bursátiles.

Una de las características de aquella crisis fue que la ruleta bursátil se abrió para todos, sin restricciones ni de montos de capital ni de conocimientos financieros.

Justo antes del estallido de la burbuja bursátil, en octubre de 1987, las ganancias acumuladas en el año superaban 700 por ciento. No fueron pocos los que vendieron todo para meterse a la ola de las ganancias automáticas del mercado bursátil.

Vendían casas y coches, muchos pedían prestado para apostarle a las acciones. En el papel, muchos mexicanos se volvieron millonarios en automático. Pero ese castillo de naipes, que además ocurría a la par de una de las peores crisis inflacionarias y económicas del país, se vino abajo en muy poco tiempo. Muchos lo perdieron todo.

Esas burbujas se alimentan de la avaricia. Desde la crisis de los Tulipanes en los Países Bajos, en el Siglo XVII, hasta la crisis de las hipotecas subprime del 2008, la constante es ese deseo incontenible de algunos de poseer cada vez más.

En nuestra generación esas crisis se han repetido en varias ocasiones. Hace ya casi 13 años los bonos de hipotecas impagables causaron una recesión un episodio igual.

En ese momento, Internet llegaba a cambiar la vida del mundo, pero no al ritmo que imaginaron los especuladores que inflaron las acciones de las nuevas empresas digitales que cotizaban en el Nasdaq. Los precios de las acciones subían a alta velocidad, pero las páginas de la World Wide Web se conectaban en un incipiente Internet telefónico a muy bajas velocidades.

Hoy, el mundo ya no especula con bulbos de tulipanes, pero sí apuestan a las llamadas criptomonedas, que son activos virtuales a los cuales se les asigna de manera colectiva un valor y por lo tanto tienen un precio de intercambio.

Lo que es maravilloso y seguramente cambiará la vida financiera en el futuro, es la tecnología del blockchain, sólo que su uso a través de activos como el bitcoin se han desvirtuado ante la avaricia de obtener ganancias fáciles.

¿Son malos los tulipanes? No. Tampoco los bitcoins, los ethereums o hasta los dogecoins, el problema está en querer ganancias fáciles, esas sí en dólares de Estados Unidos, a través de un mercado que no tiene un sustento más allá de la especulación.

A estas criptomonedas les ha sucedido lo mismo que a las acciones de la bolsa de aquellos años 80. Se ha facilitado la entrada de nuevos participantes que con poca información apuestan recursos destinados a la supervivencia.

Es totalmente legítimo entrar en un casino y apostarlo todo al siete rojo de la ruleta, pero hay que tener conciencia de las posibilidades que se tienen de ganar o de perder.

Quien hoy encuentre atractivo este mercado de las criptomonedas, debe al menos tener conciencia de la volatilidad, de sus ventajas y sus peligros.