No hay manera de regatearle a la autoridad monetaria que es todo un logro que la inflación anual se mantenga en lo que va del año en los linderos de 3 por ciento.

Pero en el dato quincenal que recién dio a conocer el Inegi hay elementos que vale la pena considerar como un foco de alerta para lo que viene.

Ya será tarea de los políticos festejar -0.45% de la primera quincena de abril como un gran logro económico y que en buena medida se debió a la baja en las tarifas eléctricas. Dirán que ahí se ven los efectos de las reformas transformadoras.

El que la inflación fuera negativa, que no deflacionaria, se logró en estos tiempos porque efectivamente bajaron las tarifas por el inicio de la temporada de calores. No imagino a Mérida, Yucatán, en estos tiempos, sin aire acondicionado.

Y de paso bajan los productos que ya pasaron de temporada como los paquetes turísticos y las tarifas aéreas que aumentaron sus precios por la demanda de la Semana Santa. Y también bajan sus precios los productos del campo como el jitomate o la calabacita, que tienen precios sujetos a muchos factores, incluido el sol y la lluvia.

Una novedad que se aprecia en la inflación de este año es el comportamiento de los precios de las gasolinas en la frontera norte del país, que tiene un impacto marginal por su focalización, pero que deja ver lo que viene en el futuro de los precios de estos energéticos. En marzo subieron sus precios las gasolinas fronterizas y en abril bajaron.

Los precios que bajaron la quincena pasada y que explican la inflación negativa son básicamente de los productos que se miden dentro de la inflación no subyacente, o lo que es lo mismo, aquellos productos o servicios sujetos a temporadas.

Del otro lado, en la lista de productos que subieron sus precios, hay algunos de temporada como el chile poblano o el pescado para la cuaresma, pero la mayoría son artículos que caben en la canasta de los precios del corazón de la inflación mexicana.

Hay que cruzar el dato del comportamiento económico que también acaba de dar a conocer el Inegi, a través del IGAE, y el resultado de febrero con un 0% de crecimiento en su comparación contra el primer mes del año.

Se notó más dinamismo en marzo y en lo que va de abril, pero los datos duros nos hablan de un estancamiento que afecta el consumo y por lo tanto limita el crecimiento de los precios.

Pero ya en la primera quincena de abril subieron sus precios los papeles de consumo, el calzado deportivo, los productos para el cabello. Todos tienen el común denominador de tener componentes importados y de resistir de mejor manera las épocas de baja actividad económica.

En cuanto al subíndice de productos no alimenticios y su inflación quincenal de 0.30%, junto con los aumentos en los meses previos, vale la pena encender el foco de alerta del impacto de la depreciación del peso en los insumos de algunos sectores.

Hoy no es un problema el aumento de los productos importados o con insumos de origen extranjero. La baja actividad económica frena muchos intentos de alza, pero los precios de coyuntura no siempre podrán compensar esos aumentos.

Seguro que en la reunión de política monetaria de la próxima semana de la Junta de Gobierno del Banco de México se dedicará un buen rato a las amenazas de su misión primordial de mantener la inflación a raya.