ENRIQUE CAMPOS

La tregua de la que goza el peso mexicano

La tregua de la que goza el peso mexicano


Son por lo menos dos los eventos de la meteorología político-económica que tienen pronósticos con fechas específicas: la renegociación del TLCAN y la elección presidencial del 2018

El peso mexicano goza de una tregua que no desaprovechan los que saben que por ahora hay oportunidad de hacer ganancias apostando a favor de la moneda nacional.

Son los mismos que en su momento tenían muy claro que las utilidades estaban en el bombardeo del peso cuando el pánico de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca dominaba los sentimientos de muchos agentes económicos.

Realmente no hay nada estructural que justificara que a mediados de enero se hubieran tenido que pagar 22 pesos por dólar.

Hoy tampoco hay nada nuevo y bueno en materia de estructura que justifique que la recuperación pudiera ser sostenida.

Hay una tregua, pero es solo eso. Un espacio en el tiempo en el que hay una calma, pero una de esas tranquilidades previas a la previsible tormenta o quizá múltiples tormentas.

Son por lo menos dos los eventos de la meteorología político-económica que tienen pronósticos con fechas específicas.

Estamos en esa calma previa a la tormenta de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que, de acuerdo con los tiempos estadounidenses, debería iniciar hacia la parte final de agosto.

Estamos en el transcurso de esos ya famosos 90 días que corren entre la notificación al Congreso y el inicio de las pláticas. Tenemos cielos despejados gracias a que las nubes cargadas están sobre la política local.

En estos tiempos la atención del presidente Trump y todo su gobierno está en defenderse de las acusaciones de colusión con los rusos para influir en los resultados de las elecciones que lo llevaron al triunfo en noviembre pasado.

No se ve que ese huracán vaya a pasar pronto, incluso puede juntarse con la renegociación del TLCAN y la verdad es que no sabemos cómo interactuarían ambos temas. Pero por ahora la incertidumbre está en pausa.

El otro tema que tiene fecha específica llega dentro de un año con las elecciones presidenciales. Ahí el pronóstico es de intensas lluvias con inundaciones de discursos y acusaciones, rayos, truenos sociales y la posibilidad de muchos damnificados tras el impacto del día de la jornada electoral.

Esa estimación tendrá sin duda inquieta a la cotización de la moneda mexicana. Se moverá en función de lo que marquen las encuestas, si es que hay alguna confiable, porque el temor mayor no es por una posible inestabilidad social sino por algún resultado específico que todos conocemos.

Hay en medio otros fenómenos que, por ejemplo como un sismo, no avisan, pero tienen alto impacto.

Desde un tuit de Trump de nivel 5 grados en la escala telúrica de la especulación, hasta un atentado terrorista que trastoque la paz de los mercados.

La estimación, descontando sorpresas, es que la moneda mexicana pueda instalarse al menos durante el verano en estos niveles actuales de mayor estabilidad y una cotización que si bien es alta, no tiene nada que ver con la pesadilla de principios del año.