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Esta semana la Junta de Gobierno del Banco de México habrá de tomar una de las decisiones de política monetaria más importantes de los últimos años.

No sólo porque el Índice Nacional de Precios al Consumidor al cierre de noviembre pasado volvió a subir más que las estimaciones de los analistas, sino porque ya se nota una clara contaminación de una inflación no temporal en la formación de precios.

También será una decisión emblemática porque será la última que tome este órgano de decisión con una composición que conoce y avala el mercado.

El 2022 llegará con la duda sobre cuál será el comportamiento futuro de la autoridad monetaria con la composición que tendrá a partir del primer día del próximo año.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, quien está acostumbrado a que no le cambien ni una sola coma a sus decisiones, ya designó a Victoria Rodríguez Ceja, como la futura gobernadora del Banco de México.

Llega con el beneficio de la duda por parte del mercado. Porque si bien no cumplía con la experiencia en materia monetaria que indicaba la propia Ley del Banco de México, su nombramiento daba la certeza de que, dentro de los perfiles disponibles en la 4T, ella es un garbanzo de a libra.

Como sea, este cambio en el banco central se hace en medio de la turbulencia inflacionaria más importante del siglo y eso genera nerviosismo.

Pero no es el único cambio que involucra la calidad de las decisiones económicas que se toman en el país.

Si tomamos en cuenta que estamos en la última semana hábil del año, antes de entrar de lleno en las fiestas y las vacaciones, el presidente Andrés Manuel López Obrador ya debió designar a quien deberá suceder a Julio Santaella al frente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Cuando Graciela Márquez dejó la Secretaría de Economía para integrarse al Inegi como vicepresidenta, el cálculo era que ella ocuparía la titularidad del instituto. Pero bueno, también se estimaba que Arturo Herrera gobernaría el Banco de México.

Hay otra alternativa, la mejor sin duda que ojalá no escape a la lógica del régimen y es que repita Santaella por un periodo más de seis años. Aunque siempre queda abierta la puerta para una de esas sorpresas de espanto.

La información que publica el Inegi se reconoce por ser puntual, oportuna y altamente útil. Pero sobre todo por confiable e independiente de los intereses del poder. Han tenido algunos tropiezos recientes, hay que decirlo. Pero conservan la credibilidad.

Es evidente que existe la tentación de oficializar toda esa letanía de los “otros datos”, pero el costo para el país de perder una fuente confiable de información sería terrible.

El propio Banco de México basa sus decisiones en la materia prima informativa que aporta el Inegi, sin un registro confiable de los precios, de nada servirían las decisiones de política monetaria.

Pero tampoco tendrían sentido todo el resto de las decisiones económicas que se toman desde los gobiernos, las empresas o las familias.

No es poca cosa lo que también se juega con la titularidad del instituto de estadísticas del país.