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Revisemos los rasgos del populismo latinoamericano a la luz de la realidad mexicana. México vive una modernización a medias, inacabada en muchos sentidos.

México es también el escenario de una vida democrática que avanza a pasos grandes hacia el desprestigio y el descrédito.

Nuestra economía se ha modernizado pero no ha logrado repartir sus beneficios a la mayoría de la población. Tenemos más que nunca una economía dual:

De un lado la economía Nafta, la economía cuya productividad crece a 6 por ciento anual y del otro la economía interna, por su mayor parte informal, cuya productividad decrece año con año.

Lo excluido de la modernidad y de la formalidad es enorme. Agrego que los salarios de la modernidad son muy bajos, no muy tentadores frente a los ingresos que puede dar la informalidad.

Nuestra democracia funciona, pero no tiene hoy los prestigios que tenía. Yo diría que los partidos y los políticos tienen baja credibilidad y alto desprestigio.

Hay severas dudas sobre su representatividad. El veredicto ciudadano es que representan solo sus intereses políticos, asociados todos a las rentas económicas que puedan producirles.

Nuestra democracia ha encarecido y corrompido extraordinariamente el proceso político. Hay que repetirlo hasta que se oiga: para competir con posibilidades de éxito los candidatos de los partidos deben conseguir dinero ilegal.

El abundante presupuesto público federal ha sido fuente de grandes dispendios, desvíos y endeudamientos de gobiernos estatales a los que les da el dinero la Federación, pero les aprueba el gasto su Congreso local. El proceso político local y las relaciones de los poderes ejecutivos con sus congresos se han corrompido a niveles de picaresca.

Llega mucho dinero también a los municipios. Tenemos fresco el escándalo de corrupción y crimen municipal de Iguala, Guerrero.

Tenemos fresca también las historias de las casas y los conflictos de interés asociados al Presidente y a su círculo de poder más cercano.

La sombra de la corrupción destruye cualquier idea de institucionalidad o de mérito. Y cualquier sombra de respeto a las instituciones o al mérito.

El grito que condensa esto es el de López Obrador: la mafia del poder. El grito es una caricatura, pero la corrupción alcanza niveles de caricatura, corroe por igual la política, la economía y la sociedad.

(Mañana: 4. El piso de AMLO)

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