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El priismo sutil e inconfeso en Octavio Paz, el recorrido de la revolución a la democracia en la propia biografía intelectual y política del jefe espiritual de nuestra cultura… esos festones aparecen, con intenso resplandor de sabiduría, en el nuevo libro del historiador Rafael Rojas.

En La polis literaria. El boom, la Revolución y otras polémicas de la Guerra Fría (Taurus, 2018), el mejor ensayista en español del momento actual realiza un prolijo homenaje a la integración del campo intelectual latinoamericano, que existió entre los años 50 y 70.

Sólo un miniaturista de la historia como Rafa puede andar en la cornisa del ojo crítico y la vena seductora del narrador, al ensamblar las posiciones, obra y epistolario de la ruptura de una de las generaciones de intelectuales más mediáticas y creativas en la historia de la literatura.

Un sabio joven, como lo definía Eliseo Alberto Lichi, Rafa dedica 261 páginas imprescindibles al grupo formado por Cortázar, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Cabrera Infante, Severo Sarduy, García Márquez, Vargas Llosa, José Donoso y Roa Bastos, estrechamente vinculados a los debates de su tiempo.

Sobresale el capítulo La Revolución en Paz, sobre el diálogo permanente de Octavio Paz con el concepto de Revolución: del fenómeno revolucionario en la obra de nuestro Premio Nobel de Literatura, desde sus primeros poemas hasta la madurez de Plural y Vuelta.

Pero le fascinaba más la magia de la revuelta que la revolución misma. Rafa insiste en que, para el Nobel, una rebelión siempre será la forma demagógica de nombrar distintos tipos de dictadura… en tiempos de Zapata, mayo del 68 en París, o Europa del Este, México o Cuba.

Aunque empalmado en el contexto de la Guerra Fría, el libro adquiere una actualidad fehaciente para el ciudadano mexicano de estas horas, que vuelve a escuchar conceptos reformadores, como “la cuarta transformación”.

En ese sentido, es paradigmático un párrafo en el segmento sobre Paz, quien por un lado, aceptaba que la Revolución libera, pero que por el otro oprime, creando estados autoritarios, perturbados por la dominación burocrática, aunque generando una vertiginosa politización de la gente.

También es deslumbrador el capítulo Viaje al país de los cronopios, porque deslava la imagen de soldado castrista que se suele tener sobre Julio Cortázar, quien reconocía la necesidad moral del escritor de denunciar el avance de la ortodoxia del Estado sobre la sociedad y la cultura.

Rafa rescata en ese tramo un pasaje de la Policrítica de Cortázar:

Hay cosas que no trago,

hay cosas que no puedo tragar en una marcha hacia la luz

Muy a tono, sin dudas, con mejunjes del pasado que se nos ofrecen a tragar a los mexicanos hoy. Un hoy que es como decir…

Pasado mañana.