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Desde el principio, siempre pintó la reforma fiscal como la que más rápido se quedaría huérfana.

De entrada, involucra el pago de impuestos, y en segundo lugar porque el paquetazo fiscal logró su objetivo de obtener más recursos para el erario público a través de recargarse más en los contribuyentes de siempre.

Realmente no estaba en el ánimo de este gobierno el hacer de la reforma fiscal su prioridad, era una oportunidad de conseguir con ese cambio estructural más recursos y, de paso, quedar bien con algunos de los firmantes del Pacto por México.

La reforma estrella de este gobierno es la educativa, seguida de cerca por la reforma energética. Mientras que la reforma más guapa del paquete era la de telecomunicaciones y la más incomprendida pero necesaria fue la financiera. Pero la fiscal estaba para recaudar, no para presumir.

Ahora que estamos en campañas, intercampañas, le llama la eufemística ley electoral, las reformas no pueden quedar exentas de la contaminación electoral.

A querer o no la reforma fiscal tuvo la gran virtud de aportar recursos adicionales a las arcas públicas en momentos en que los precios del petróleo se hundían y la producción petrolera nacional se derrumbaba.

Sólo que la manera de aumentar la recaudación, con un encaje más profundo en los de costumbre, no fue algo que se pudiera presumir.

Pero que no haya confusión en el reparto de las responsabilidades. El principal autor de la reforma fiscal fue el gobierno federal, pero en ese paquetazo de impuestos se tomaron de la mano con la llamada izquierda y juntos la sacaron adelante.

Así como la reforma energética fue producto del voto conjunto del Partido Acción Nacional con el Partido Revolucionario Institucional, así la reforma fiscal salió adelante con los votos del partido en el gobierno y del Partido de la Revolución Democrática, del que muchos de sus integrantes dieron forma al partido de Andrés Manuel López Obrador, el Movimiento Regeneración Nacional.

Nadie aplaude una pérdida de ingresos personales por tasas impositivas más altas y con menos deducciones, pero gracias a esa reforma la economía mexicana ha resistido tiempos complicados en su industria petrolera.

El nivel de trascendencia espiritual que se requiere para agradecer una reforma fiscal como la que está vigente desde el 2013 no está presente en el electorado, por eso es que ahora se echan la bolita entre los partidos.

En resumidas cuentas, si quieren ver a los responsables del paquetazo fiscal están no sólo en el gobierno sino en la llamada izquierda, que encontraron en esa reforma una manera de cumplir con un de sus mantras favoritos: que los “ricos” paguen más.

Lo malo de que usen en campaña el tema fiscal es que si llega al poder un gobierno responsable lo primero que deberá procurarse es justamente una reforma fiscal.

Y tendrá que incluir a muchos sectores que hoy no pagan impuestos al tiempo que fomente una baja en las tasas impositivas de aquellos contribuyentes que hoy se sientan atraídos hacia este nuevo paraíso fiscal llamado Estados Unidos.

Y todo, si son responsables, sin provocar un boquete en las finanzas públicas. Así que más vale que no desprestigien tanto el tema de los impuestos si pretenden hacer bien las cosas.