JOAQUÍN LÓPEZ-DÓRIGA OSTOLAZA

La recuperación europea

La recuperación europea


Con la mayoría de los reflectores enfocados en la creciente amenaza del populismo en Estados Unidos y Europa, el crecimiento económico en la zona euro está, discretamente, teniendo su mejor desempeño de los últimos años. Los datos del Producto Interno Bruto (PIB) de los últimos trimestres y el comportamiento reciente de algunos indicadores adelantados parecen confirmar que después de casi 10 años de estancamiento, la región está teniendo por fin una recuperación cíclica amplia y sustentable.

Esta recuperación, que comenzó a mediados del 2015, fue muy dispareja y frágil en sus inicios. Sin embargo, la recuperación se ha venido ampliando desde la segunda mitad del 2016, contribuyendo a que la economía de la región creciera 1.7% en todo el año. Asimismo, la agresiva política monetaria del Banco Central Europeo ha contribuido a disipar los temores de deflación, ya que los precios están aumentando a un ritmo saludable (cercano a 1.8 por ciento).

Parte importante del incremento en la inflación se debe a un aumento en los precios de los energéticos —que venían de una base muy baja en la primera mitad del 2016— y a una alza en los precios de los alimentos. Al excluir estos impactos, la inflación subyacente se encuentra cerca de 1%, lo cual es relativamente bueno para estándares europeos.

Por otro lado, la lectura más reciente del Purchasing Manager’s Index (PMI), que es un indicador adelantado de los sectores manufactureros y de servicios, llegó a su nivel más alto desde el 2011 (vale la pena recordar que la actividad económica en la eurozona tuvo una breve recuperación en el 2010-2011 antes de caer en una segunda recesión en el 2012).

Adicionalmente, los PMI a nivel país muestran que la recuperación está siendo liderada por Alemania y Francia mientras que Italia también tuvo un desempeño favorable. Esto contrasta marcadamente con lo sucedido en los inicios de la recuperación del 2015, cuando España y Alemania se beneficiaron de un euro débil pero Francia e Italia se mantenían estancadas.

Finalmente, otro síntoma de la sustentabilidad de la recuperación es la mejoría en los índices de empleo que alcanzaron su mejor nivel en casi una década. De confirmarse esta tendencia, los datos de crecimiento del primer trimestre del año podrían mostrar un crecimiento de 0.6% contra el trimestre inmediato anterior, lo cual representaría una aceleración con respecto al crecimiento de 0.5 y 0.4% observados en el cuarto y tercer trimestre del 2016.

La recuperación ha sido principalmente impulsada por un repunte en la confianza del consumidor que, en conjunto con un aumento en el financiamiento bancario al sector privado, ha contribuido a un aumento importante en las ventas al menudeo. Asimismo, la relativa debilidad del euro ha contribuido de manera importante a un renacimiento de las exportaciones europeas y de la producción industrial.

Adicionalmente, la disminución de las tasas de interés de largo plazo a prácticamente cero, ha permitido a los gobiernos disminuir su costo de fondeo drásticamente, liberando recursos para relajar un poco las medidas de austeridad en países como España, Francia e Italia. La recuperación en la actividad económica es una excelente noticia pero no parece estar ayudando a debilitar a los movimientos populistas. Las elecciones en Francia serán una excelente prueba.