LEOPOLDO GÓMEZ

La racionalidad individual en la fragmentación de la realidad

La racionalidad individual en la fragmentación de la realidad


En este espacio me he referido al papel que juega la fragmentación de la realidad informativa en la creciente polarización política. El triunfo de Trump y su resistencia a los embates de la prensa no pueden explicarse al margen de este fenómeno. En un excelente artículo sobre la economía de la información, Goldman, Hagmann y Loewenstein (Journal of Economic Literature, marzo de 2017), documentan la racionalidad individual que está detrás del uso selectivo de la información. Rescato algunos hallazgos de ese estudio.

Con tal de mantener el optimismo o evitar la decepción, los individuos descartan información que consideran desfavorable a través de diversos mecanismos. Así, en ocasiones se alejan de datos adversos o potencialmente negativos, mientras que en otras los interpretan de manera sesgada o incluso llegan a olvidarlos deliberadamente.

Esta conducta no es privativa de la política. En Estados Unidos se ha documentado, por ejemplo, cómo los inversionistas revisan los mercados con menor frecuencia cuando saben que van mal y, en las escuelas, los profesores menos calificados suelen ser los que menos consultan las evaluaciones de sus alumnos.

En el ámbito político, una de las consecuencias de este fenómeno es el sesgo en los medios. Si los individuos eliminan la información que amenaza sus creencias y buscan solamente la que refuerza sus puntos de vista, es natural que los medios les ofrezcan las visiones de la realidad que demandan. El caso CNN-FoxNews es el más significativo, aunque las expresiones más virulentas se dan en las redes sociales.

Otra consecuencia es la polarización social en la que el individuo no acepta a quien piensa diferente, se acerca a aquellos que comparten una misma perspectiva del mundo y se autodestierra de cualquier otra convivencia, coartando el diálogo necesario para encontrar similitudes y entendimiento.

El proceso racional de descartar información desata un proceso colectivo que a la larga mina las instituciones, debilita la democracia y abre la puerta a personajes como Donald Trump.