Minuto a Minuto

Nacional “Condenamos, lamentamos y nos ocupamos”: Sheinbaum sobre feminicidios
Destacó la operación de los Centros LIBRE, que cuentan con abogadas para atender a mujeres que sufran agresiones familiares o de otro tipo
Nacional IMSS investiga muerte de cinco recién nacidos en Durango
Autoridades de la delegación estatal y del nivel central supervisarán las investigaciones y el desarrollo del caso
Nacional CNPC emite recomendaciones ante la tormenta tropical ‘Polo’
La tormenta tropical 'Polo' tiene altas probabilidades de evolucionar a huracán y alcanzar la categoría 5, de daños catastróficos
Nacional Hombre sufre quemaduras graves tras descarga cerca del Metro Cuauhtémoc
El STC aclaró que que, según el testimonio del afectado, la descarga ocurrió en el exterior de la red de transporte
Nacional ‘El Pachangas’, alumno del Cetis 33 de Azcapotzalco asesinado
El alumno asesinado frente al Cetis 33 de Azcapotzalco fue identificado como 'el Pachangas'. En redes sociales se lucía con un arma de fuego

En 1978, Jorge Carpizo publicó su libro, ya clásico, El presidencialismo mexicano. Estaba dedicado a describir el enorme poder que concentraba entonces la Presidencia mexicana.

Este poder se debía, explicó Carpizo, no a las facultades legales del Presidente derivadas de la  Constitución, sino a sus poderes “metaconstitucionales”: aquellos que no estaban escritos en ninguna parte, pero eran la realidad política cotidiana del sistema.

Aquel Presidente, nos recuerda María Amparo Casar, en su artículo de Excélsior de ayer (http://bit.ly/2nRkWen), podía prácticamente nombrar a los miembros de los otros poderes, el Legislativo y el Judicial, podía organizar las elecciones, hacer que se aprobaran casi sin excepción las leyes que enviaba al Congreso, definir la política monetaria, producir la estadística nacional, evaluar su política educativa y su política social, establecer reglas de competencia económica y de los sectores claves de ésta: telecomunicaciones, energía, industria, comercio.

Pedro Salazar, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, publicó el año pasado el libro El Poder Ejecutivo en la Constitución mexicana, que es el anverso del retrato de Carpizo.

El libro de Salazar actualiza el retrato del presidencialismo mexicano, a quienes muchos siguen viendo como una especie de Dorian Grey que no ha cambiado con los años.

Los cambios políticos e institucionales de los últimos 50, descritos por Salazar, dan el retrato de un presidencialismo radicalmente distinto al que solemos tener en la cabeza: un presidencialismo débil, despojado de prácticamente todos sus antiguos poderes metaconstitucionales.

Del avasallante Dorian Grey de hace 50 años, nos dice Casar, este presidencialismo conserva solo dos rasgos.

Primero, sigue teniendo alta discrecionalidad en el ejercicio del gasto, mediante las ampliaciones presupuestales que cada año hace la Secretaría de Hacienda: unos 750 mil millones anuales.

Segundo, sigue poco obligado a rendir cuentas y a someterse al escrutinio y a la responsabilidad por sus acciones.

Quien piense que ganando la Presidencia se gana en México el poder presidencial de antaño, haría bien en leer este libro.

La Presidencia mexicana es una institución disminuida por la historia y por las leyes. Pero nadie lo cree, y esto da paso a una de sus debilidades mayores: que le exigen como antes a quien no puede lo de antes.

Así las cosas, el desencuentro resultante de Presidente y sociedad ha empezado a ser un pequeño infierno para ambos.

[email protected]